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Vilagarcía

Luces y acción: Un Combate Naval que es memoria en el cielo

Vilagarcía volvió a vivir con emoción el cierre nocturno de sus fiestas

Un momento del Combate Naval
Un momento del Combate Naval
Mónica Ferreirós
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El silencio se impone siempre ante un espectáculo que se prevé importante. Y así sucede cada año en el Combate Naval de Vilagarcía. Hay muchas escenas que se repiten edición tras edición. Una de ellas es ver el arenal de A Concha-Compostela convertido en un banco de hormigas. Esa es, al menos, la sensación que da ver desde lejos la playa, con miles de personas sentadas para no perderse el cielo.

En esta ocasión no era por el eclipse ni las perseidas, sino por unas luces creadas por la Pirotecnia Penide, vinculada desde hace décadas a un evento que nunca defrauda. El Combate reúne cada año a familias enteras, a abuelas con sus nietos que se remontan a las historias de cuando eran ellas las que se agarraban a las manos de sus ancestros; a grupos de amigos dispuestos a repetir, incluso con sorna, la lista de “ohs” y “ahs” que sucede a cada tirada. También reúne la cita, y es importante destacarlo, a un nutrido grupo de personal de Emergencias, Policía y sanitarios que se encargan de garantizar la seguridad en un operativo que se prepara con mimo cada año.

En esta ocasión, una de las novedades la introdujo el nuevo acceso a la playa desde O Ramal, que también permitió agilizar las entradas y las salidas y que eliminó el embudo que se producía en ediciones anteriores.

A las diez y media de la noche comenzó a sonar la orquesta Assia en la Praza da II República, con sus grandes trailers ya en la Alameda. La gente bailaba animada pero pendientes de que no volase el tiempo y, cuando faltaba menos de media hora para el Combate, la música paró (hasta después) y las calles del centro se convirtieron en un ejército de pies apresurados dirigiéndose hacia el norte.

Los que no disponen de balcón privilegiado a la ría, tienen que bajar a la arena para ver los fuegos. Y ese es el lugar escogido, cada año, por miles de vilagarcianos y visitantes. No son pocos los que acuden con sus toallas, para poner sobre la playa, o incluso con la típica silla plegable. Sea como sea, una vez acomodados, es cuando comienza el espectáculo.

Así pudieron ver los típicos redondeles de colores sobre el cielo, los fuegos que salen del mar, aquellos serpenteados que hipnotizan o los que salen disparados como ráfagas de luz. Todos ellos devuelven cada final de agosto el asombro a todos quienes lo creían perdido y permiten recuperar cientos de recuerdos acumulados. Eso sí, este año hubo más bruma de lo normal, con una noche esperando la lluvia en la que la brisa no hizo acto de presencia y dio demasiado protagonismo al humo. Nada, eso sí, que restase colorido, sobre todo ante una gama que mezcló rojos, dorados, azules con amarillos y en la que el verde tuvo quizás un mayor dominio. Barcos y castillo volvieron a enfrentarse una vez más, bajo la atenta mirada de las personas asistentes.

Una larga historia

El Combate Naval se celebra en Vilagarcía desde 1860 y es uno de los broches a San Roque. Cientos de kilos de pólvora se queman en esta cita para conmemorar a batalla de Callao, en la que la flota española liderada por Méndez Núñez asedió el puerto de Perú. Un relato épico que poco está en la cabeza de quien disfruta acompañado de sus seres queridos de los colores que iluminan el cielo.

La cita estuvo vinculada a la familia Valladares hasta el trágico cierre de la pirotecnia, en un incendio mientras preparaban los fuegos para las fiestas de Vigo. Ocurrió en los años 60 y, poco antes, en 1955, hubiera otro hecho excepcional: una tormenta que explosionó los fuegos preparados, adelantando al mediodía el Combate.

Hace décadas ya que es la Pirotecnia Penide la encargada de que nada afecte a esta cita histórica. Salvo, como en todas las batallas (aunque solo sean de luces), lo incontrolable. Como una pandemia. La que en los años 2020 y 2021 obligó a prescindir de cualquier tipo de evento multitudinario. Pero ya hace años que el maleficio se rompió y Vilagarcía vuelve a disfrutar del Combate.

La Batalla que no pudo ser fue la de las Flores. Pero solo por ahora. La próxima semana regresará para un fin de fiesta aplazado. Será el domingo 30 cuando las carrozas, iluminadas, recorrerán las calles de Vilagarcía armadas de serpentinas. Pero antes, habrá otro evento muy esperado: la Noite Meiga. Los poblados medievales tomarán el centro de la ciudad y las brujas, con sus gorros y escobas, serán las grandes protagonistas. Bueno, casi. Porque realmente las colas se formarán para disfrutar de la oferta gastronómica que las asociaciones prepararán en las casetas, desde chorizo asado a rosquillas, para alimentar a las amistades de las meigas. La magia de la queimada, a medianoche, hará el conjuro definitivo en una cita que, desde hace tiempo, la asociación de comercio y hostelería Zona Aberta convirtió en imprescindible de las fiestas.

Así las cosas, Vilagarcía espera de nuevo al fin de semana para alargar las fiestas, para reunir a amistades, familia y conocidos en un evento multitudinario. Y también para continuar dando rienda suelta a un verano muy concurrido en el municipio.

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