La jubilación, el mejor regalo para los 65 años de 'Ángel el de la farmacia'
Clientes, amigos y compañeros de la farmacia del Casino hicieron un sentido homenaje a un hombre que fue también "paño de lágrimas" y que “cuelga las botas” de la botica para coger las del fútbol
No siempre se cumplen seis décadas y media. Y el de esta mañana fue un cumpleaños muy especial para Ángel Cardalda, sobre todo por dos regalos de gran importancia. El primero es la jubilación, que acoge con alegría. El otro, el calor de aquellos que llevan 48 años al otro lado del mostrador. También los que están al lado. Clientes, familia, amigos y compañeros se dieron ayer cita en Castelao, la farmacia que fue su primer y último trabajo.
Y es que ‘Ángel, el de la farmacia’, como muchos lo conocen, lleva 48 años en la misma oficina. Y tres jefas diferentes: “Empecé con Esperanza Trigo, después con Carmela González y ahora con Trinidad García”, explica. En sus inicios, era aún menor de edad.
Hoy, casado, con un hijo, Samuel, que estaba a la vez como periodista, “cuelga las botas”, pero solo las de la botica. Porque ahora toca coger las del fútbol, que nunca dejó pero a las que ahora dedicará más tiempo.
Un homenaje en Castelao
“Estoy pensando en hacer un campus de verano”, explica Cardalda, directivo del Vilagarcía desde hace 25 años. Una de esas personas a las que la jubilación, lejos de pesarle, le parece una gran idea. Eso no quiere decir que no vaya a echar de menos a la gente que en estas casi cinco décadas compartió el día a día con él. También a sus compañeros, que participaron en la gran sorpresa que le dieron a las puertas de la farmacia. Con tarta incluida en la que se podía ver una foto del homenajeado, que salió engañado del trabajo para encontrarse con un aplauso unánime. “El sabor que me llevo es el calor de la gente”, explica señalando a la calle, llena de rostros conocidos. Como algunos compañeros como Clara, Silvana o Nacho, con los que estuvo trabajando codo con codo a lo largo de estos años. Y otros rostros nuevos, como el de Adriana, que lleva tiempo preparando la sorpresa. Pero también el de los clientes de toda la vida de una farmacia que ha pasado por varias etapas, pero que se caracteriza por su proximidad. “Fue una labor de ponerte en el sitio del cliente, porque es un sitio al que vienen con sus problemas. Y tú los asimilas y tratas de ayudarlos cuando están deprimidos o a que tengan su vida mejor. Somos con un paño de lágrimas”, explica el homenajeado, desde ya un jubilado feliz








