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Vilagarcía

La firma vilanovesa Calmear compra la nave y la parcela de Cuca en Vilagarcía

La adquisición se formalizó hace tan solo unos días y los trámites en el Registro ya están en marcha

La propiedad cuenta con dos parcelas anexas que suman más de 20.000 metros cuadrados en un enclave privilegiado
La propiedad cuenta con dos parcelas anexas que suman más de 20.000 metros cuadrados en un enclave privilegiado
Mónica Ferreirós
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La empresa vilanovesa Calmear es la nueva propietaria de las naves y de la parcela que, en su día, acogieron la actividad conservera de la firma Cuca en Vilagarcía. La operación de compra-venta se cerró hace tan solo unos días entre quienes ostentaban la propiedad – el grupo empresarial italiano Bolton Group– y la firma vilanovesa que tiene su actividad en el polígono de Baión. Al menos dos empresas de la zona de O Salnés se interesaron por adquirir un terreno que ronda los 20.000 metros cuadrados, pero finalmente ha sido Calmear la que presentó la mejor oferta y la que cerró la operación. De hecho los trámites para cambiar la titularidad de los inmuebles ya está en marcha en el Registro de la Propiedad, tal y como ha podido confirmar este periódico.

La actividad en la nave de Sobradelo es inexistente desde hace ya meses y después de que las últimas trabajadoras que todavía fichaban en estas instalaciones se jubilasen. Fue en ese momento cuando Bolton Group sacó a la venta la propiedad. Lo hizo en septiembre del año pasado y con un precio de salida que rondaba el millón y medio de euros. No ha trascendido hasta el momento por cuánto la ha adquirido finalmente la nueva propietaria. Los inmuebles les parecieron suculentos a varias empresas desde el primer momento, tanto por su ubicación estratégica como por su tamaño. De hecho firmas como Impex Europa – con sede en la capital arousana– llegaron a visitar sus instalaciones sin que finalmente cuajase la compra porque no se adaptaba a lo que buscaban. Ya en aquel entonces Calmear se mostró interesada por hacerse con la propiedad como finalmente ha ocurrido. Esta firma vilanovesa se dedica al mantenimiento, reparación y fabricación de maquinaria industrial. Hasta no hace tanto estaba en el polígono de Trabanca Badiña (en Vilagarcía), pero desde hace unos meses ya cuenta con nave en Baión, en donde desarrolla su actividad con vocación – como se demuestra con esta compra en Sobradelo– de seguir creciendo. Es una empresa consolidada y en su propia web profesional señala que cuenta con más de 30 años de experiencia como firma puntera en el sector.

Dos parcelas anexas

El espacio que ocupaba la antigua conservera Cuca – el último vestigio de la industria transformadora de productos del mar que quedaba en el entorno de Vilaxoán– incluye dos parcelas anexas. En el anuncio de venta que Bolton Group promocionó en una inmobiliaria señalaba que el activo está en buen estado y apuntaba que el terreno podría ser recalificado “y transformado para uso residencial, especialmente para viviendas unifamiliares”.

El mismo mes de septiembre pasado y tras conocerse que la nave estaba en venta el alcalde de la localidad, Alberto Varela, aseguraba que desde la administración local “non imos permitir que se especule con ese terreo”. Añadía que la intención de su ejecutivo era la de que la parcela siguiese teniendo una calificación de suelo industrial.

Fin de un ciclo

Lo que está claro es que la adquisición de esta propiedad inmobiliaria por parte de Calmear marca un fin de ciclo. Cabe recordar que fue en diciembre del año 2012 cuando el entonces grupo Garavilla comunicaba a la plantilla de Vilagarcía el cierre de las instalaciones y su traslado inminente a la localidad de O Grove, donde ya contaban con una factoría que todavía conservan.

Fue ahí cuando empezó una lucha titánica de las trabajadoras de Cuca – muchas de ellas vinculadas a la firma desde que eran incluso menores de edad– para mantener tanto sus puestos de trabajo como la actividad industrial en Vilaxoán. Concentraciones, acampadas a pie de fábrica, manifestaciones multitudinarias y un largo proceso judicial que culminó con un fallo que intentó satisfacer a las dos partes. La sentencia dictaba que las trabajadoras seguirían fichando en la fábrica de Sobradelo – que seguía considerándose su puesto de trabajo– y tras hacerlo se trasladaban en un bus pagado por la empresa a la firma de O Grove.

Ya en aquel entonces se temía que las intenciones de la empresa eran la de vender la propiedad, como finalmente se ha hecho, aunque casi 15 años después. Ahora, eso sí, sin trabajadoras vinculadas ya a estas instalaciones. Se cierra un capítulo y se abre otro en una zona privilegiada con vistas directas al mar arousano.

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