Cuidar a quien cuida: Un programa que da apoyo a familias de dependientes en el centro de salud de Vilagarcía
Ofrece una atención multidisciplinar e integral, con terapias grupales, para tratar la “sobrecarga”

La mayor parte de las personas que cuidan familiares dependientes en Galicia tienen entre 45 y 64 años y, en el segundo puesto, se encuentran los que superan ya los 65. El síndrome del “cuidador quemado” es una evidencia que llega también a la comarca de O Salnés. Aunque no existen cifras por municipio, las listas de espera de los Servizos de Axuda ao Fogar hacen ver la incidencia de una situación que genera una serie de cambios en los hogares y que provoca consecuencias también en la salud de quienes tienen que estar al mando, como ansiedad o estrés.
De ello son conscientes en el área sanitaria de Pontevedra- O Salnés, que pone en marcha recursos como el que existe en el centro de salud de San Roque, en Vilagarcía. Se trata de un programa destinado a cuidadores no profesionales, también llamados ‘cuidadores informales’, a los que un equipo interdisciplinar presta un apoyo integral.
“El proyecto nace de la identificación del impacto en la salud y el reconocimiento de las necesidades en los cuidadores informales, tanto desde la Unidad de Salud Mental de O Salnés (USMS) como desde el centro de salud de San Roque”, explican desde este programa.
Profesionales de Enfermería, Trabajo Social, Fisioterapia y Medicina de Atención Primaria, incluyendo personas en formación de residencia, elaboraron un proyecto coordinado y colaborativo que ya está en marcha desde 2024 y que se fue ampliando a otras ramas, como la nutrición.
A la hora de acceder a este programa, las personas cuidadoras- muchas de las cuales lo conocen a través de otras en la misma situación y que ya han acudido- pueden solicitar su inclusión, aunque en otros casos son directamente los profesionales de los centros de salud del área o de Salud Mental los que lo proponen, así como los de los centros sociosanitarios.
La mayor parte, mujeres
La mayor parte de las personas que acuden a este programa son mujeres, normalmente hijas o parejas, aunque también se da el caso de hermanas o incluso madres de la persona dependiente. “Generalmente son cuidadores que han tenido que reducir su jornada laboral para los cuidados y que han visto debilitada su red de apoyo social y de ocio, porque en gran parte de los casos el cuidado lleva una implicación continua de 24 horas, los siete días de la semana”, explican desde el equipo multidisciplinar que lleva a cabo este proyecto.
Las participantes cuentan con diferentes niveles de ayuda sociocomunitaria y de otros familiares, pero que “no suele ser suficiente para la conciliación y bienestar” de las cuidadoras.
Este es uno de los problemas con los que se encuentran los profesionales que forman parte de este programa. La mayor parte de los cuidadores llegan al programa en una situación de sobrecarga. “A menudo, las personas que cuidan priorizan los cuidados a su familiar y otras obligaciones y pueden dejar en un plano secundario la atención a su propia salud”. De hecho, la mayor dificultad con la que se encuentran para asistir al programa es, precisamente, la falta de tiempo o que no tienen a nadie con quien dejar al familiar dependiente. “En general, son muy conscientes de las dificultades”, explican desde el equipo. En los casos en los que el pronóstico es de índole degenerativa, “existe una intensa-y realista- preocupación por la evolución futura”, aunque el propio diagnóstico “puede llevar momentos de incertidumbre y de necesidades en cambio constante, lo que exige estrategias de afrontamiento diferentes en cada momento”.
Los principales problemas de las personas cuidadoras que detectan en el centro de salud de San Roque es que se encuentran en una situación de “sobredemanda, normalmente con elevada carga emocional por el vínculo con el familiar al que cuidan, lo que puede conllevar una desatención a su salud, ocio, empleo u otras relaciones sociales que, sostenida durante años, tiene un impacto en múltiples aspectos”. Por ello, en el programa contemplan todos los factores que incluyen en dicha sobrecarga, escapando de “identificaciones que puedan conllevar la psicopatologización de la persona que cuida, centrándose en detectar los factores de influencia en cada situación particular de cuidado y en la psicoterapia grupal para aumentar la capacidad de manejo en la salud de forma integral”.
Entre estos factores, se encuentran también los externos. Es decir, apuntan desde San Roque, “la falta de recursos proporcionados por sistemas formales de ayuda”, tanto en aspectos sociales, como económicos o laborales. Los resultados que se reflejan en las encuestas, muestran una satisfacción de los participantes, que aseguran, de forma mayoritaria, que recomendarían este programa.
“Valoran aspectos como el clima de escucha y respeto, la empatía, la información práctica recibida, el apoyo profesional y entre las compañeras del grupo”, explican desde el equipo.
De hecho, ya hay planes futuros. La intención, explican, es “dar respaldo longitudinal al programa y vehiculizarlo más al aspecto comunitario, tejiendo una red de apoyo con asociaciones e instituciones públicas”.
La asistencia municipal
Precisamente en los ayuntamientos se encuentra otra parte muy importante de la atención a la dependencia. Aunque es un programa financiado por Xunta, y municipios, son estos últimos los que se encargan de la gestión y licitación de los Servizos de Axuda no Fogar. En Vilagarcía, el presupuesto previsto para este servicio es, para este año, de 1.598.323,98 euros, de los cuales la Xunta aporta 1.050.048 y las arcas municipales sufragan 388.275 euros que, sin el convenio firmado hace algo más de un mes, serían casi el doble (650.000). En cuanto a los copagos (usuarios de libre concurrencia) suponen 160.000 euros. La empresa concesionaria es Serveo y son un total de 65 trabajadoras las que se encargan de la atención profesional, durante un total de 65.620 horas anuales (5.459 al mes). Los usuarios por dependencia suman 116, mientras que por libre concurrencia hay una quincena y uno se encuentra en trámite. A todo se suma la lista de espera, ya que la admisión requiere de informes de evaluación, documentación, entrevistas y visitas, entre otros trámites a realizar.
En cuanto a otros concellos de la comarca de O Salnés, también es elevado el esfuerzo que se realiza en este servicio. En Meaño son medio centenar los usuarios, mientras que en Vilanova, a fecha de marzo, sumaban 59. En Ribadumia, hay un total de 81, de los cuales 75 están en modalidad de dependencia, mientras que seis son por libre concurrencia.
En Cambados, las personas dependientes que utilizan el SAF suman 47, mientras que diez son por libre concurrencia. “Hai bastantes casos nos que o custo do servizo é de cero euros”, explican desde este municipio, en el que reclaman más agilidad por parte de la Xunta de Galicia para hacer frente a su parte del coste de este servicio. Además, la lista de espera en el municipio cambadés es de 94 personas, de las cuales seis se encuentra en grado III de dependencia, 31 en grado II y 57 en el primero.
Lo cierto es que a toda esta situación se falta la falta de plazas en centros de día y residencias en toda la comarca de O Salnés.
De hecho, así quedó en relevancia con el cierre del asilo de Cambados, que dejó sin plazas públicas libres a las personas mayores en todas las residencias. En cuanto a las privadas, en diciembre de 2024 había una quincena, una cifra que fluctúa pero no demasiado.








