Nace el “Club del Crochet”, la tradición de las abuelas que vuelve a resurgir
La planta superior de la librería de segunda mano Hojas de Lorien acoge un espacio en el que conviven los libros, la papelería más “cuqui” y los talleres ideados por Anabel Rocha

La pequeña librería Hojas de Lorien tiene dos templos. Uno que empieza en el escaparate y que se ensancha nada más abrir la puerta. Es el de los libros de segunda mano ordenados por categorías y con precios a gusto del consumidor. El otro templo se encuentra más escondido, subiendo unas escaleras y en una pequeña y acogedora salita en la planta alta del local, ubicado en la calle Edelmiro Trillo. Es allí donde Anabel Rocha imparte unos talleres que han creado toda una comunidad. Uno de los últimos, y con gran éxito, el de crochet. O, lo que es lo mismo, el de ganchillo que practicaban las abuelas. “La gente que venía a otros talleres llevaba tiempo pidiéndomelo”, reconoce Anabel. Y es que ganchillar se ha vuelto a poner de moda y en redes sociales como TikTok es habitual encontrar tutoriales que van desde cómo coger un “gancho” a cómo hacer un jersey. “Desempolvé lo que había aprendido de mi madre hace muchos años y me puse a practicar”, declara esta librera multidisciplinar. Señala que “yo me había olvidado de cosas, pero mis manos no”.
En la era en la que lo digital lo abarca todo la propia Anabel reconoce que “no hace falta ir a un taller para aprender a ganchillar”. Eso sí, apunta que las reuniones son todo un éxito porque “es una forma de conocer gente, de hablar de libros, de películas o sobre la vida en general. Es un modo de socializar”. Y es que en los talleres de Hojas de Lorien se ha creado una auténtica comunidad tan fuerte como los puntos altos y bajos del crochet.
Para todas las edades
Aunque tradicionalmente hacer ganchillo y calceta se asociaba a la gente de más edad los tiempos han demostrado que es una afición para la que no hay edad. “En los talleres tenemos de todo, desde gente de 20 años hasta jubiladas. Hombres y mujeres”, explica Anabel.
Además no hacen falta conocimientos previos para lanzarse a tejer. Cualquiera puede hacer de la aguja y de la lana su fiel aliado e, incluso, convertirse en un verdadero adicto “al labor”.

“Al principio pues mi intención era hacer simplemente un taller de esto, pero después visto el éxito pues he decidido darle continuidad durante los próximos meses”, subraya la librera. De hecho la respuesta ha sido abrumadora y hay dos grupos creados para un “club” que prometer convertirse en hermandad. Y, como siempre, la tarde pasa entre charlas y con una bebida caliente como compañía esencial.
Lo que empezó con la idea de ser una actividad aislada se ha convertido en un nuevo club en Hojas de Lorien que promete largas jornadas de labor
Aunque la proliferación de talleres evidencia que las diferentes generaciones empiezan a estar saturadas del todo virtual, Anabel reconoce que las redes sociales le han servido para llegar con su actividad más allá de las fronteras vilagarcianas. “Mucha gente te contacta por lo que pueden ver en Instagram, aunque a mí también me ha funcionado mucho el boca a boca”, explica. Y es que es muy raro que alguien que pise por primera vez la primera planta de Hojas de Lorien no repita. Muchas llegan por los clubs de lectura y otras porque, simplemente, han encontrado en este pequeño local un lugar para huir durante unas horas del mundanal ruido.
En todo caso la mente de Anabel no para y en su cabeza ya tiene ideados los próximos talleres, que se suman a los que ya están en marcha. “Este mes tenemos ya uno de joyería y tengo también intención de hacer uno de flores prensadas. Creo que podrá funcionar”, incide.
En la temporada en la que la marca de lujo Bottega Veneta ha sacado un bolso de crochet que cuesta nada más y nada menos que 2.200 euros en el taller posiblemente lo harán por muchísimo menos. Y con una compañía que, desde luego, el dinero no puede comprar.







