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Vilagarcía

Daisy Alcalde: “El feminismo para nosotras no es solo una teoría, es una práctica diaria”

Presidenta de O Soño de Lilith, una asociación feminista y activista de Vilagarcía de Arousa que sale a la calle con iniciativas que incentivan la reflexión colectiva y la transformación cultural

Daisy Alcalde presentando el Festivala en Vilagarcía, un festival dedicado al feminismo
Daisy Alcalde presentando el Festivala en Vilagarcía, un festival dedicado al feminismo
Mónica Ferreirós
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El activismo feminista sigue enfrentando viejos retos, pero también desafíos nuevos, como la presión estética en edades tempranas o la influencia de las redes sociales en la adolescencia. Frente a esto, colectivos como O Soño de Lilith, liderado por Daisy Alcalde, buscan generar conciencia y transformar la sociedad a través de la movilización y la acción cultural.

¿Cuáles son los principales retos a los que nos enfrentamos?

La verdad es que los retos a los que nos enfrentamos son, en gran medida, los mismos por los que llevamos años luchando. Es cierto que se han conseguido avances, pero creo que actualmente uno de los principales desafíos es el negacionismo de las violencias machistas.

Este negacionismo se une a los discursos antifeministas y al auge de la ultraderecha, que validan ideas que ya parecían superadas y vuelven a poner en duda un problema que, en realidad, es estructural.

Además, sigue siendo fundamental la lucha contra todas las formas de violencia machista, no solo la física, sexual o psicológica, que son las más visibles, sino también la violencia institucional ejercida desde el ámbito jurídico.

Otro reto clave es el de los cuidados. Aunque ha habido avances respecto a generaciones anteriores, especialmente en el reparto de tareas, la carga mental continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Esto no solo genera desigualdad, sino que también tiene consecuencias en la salud mental y física.

Por último, destacaría la importancia de la interseccionalidad. El feminismo actual es cada vez más consciente de la necesidad de incorporar otras luchas: el antirracismo, el anticapacitismo, la defensa de los derechos del colectivo LGTB y la perspectiva de clase. Entrelazar todas estas reivindicaciones es esencial para alcanzar una igualdad para todas las personas.

En ese contexto, ¿qué papel están jugando las redes sociales y cómo influyen en la juventud

Las redes sociales son un altavoz, también para el activismo, pero por desgracia amplifican también los discursos antifeministas. Son mensajes simples, cortos, que no requieren investigación ni reflexión profunda.

Vivimos en una sociedad que demanda contenidos breves y directos, y a la que le cuesta mantener la atención más allá de unos segundos. Esto permite que discursos simplistas y sin base tengan cabida, especialmente entre la adolescencia.

A esto se suma la presión estética, que siempre ha afectado a las mujeres pero que cada vez llega a edades más tempranas. En parte, está relacionada con la búsqueda constante de validación en redes y con referentes que ejercen violencia sobre sus propios cuerpos para encajar en un molde preestablecido.

¿Trabajáis también en el ámbito educativo o vuestra acción se centra más en el activismo y la movilización social?

Desde O Soño de Lilith nos dedicamos exclusivamente al activismo. Yo, además, soy maestra, y para nosotras es importante diferenciar claramente la parte profesional de la parte activista. Creemos que en el ámbito educativo, igual que en otros ámbitos, es necesario incorporar figuras especializadas.

Consideramos que estas intervenciones no deben partir del activismo, sino de las instituciones. Nuestro papel es otro. Deben ser las instituciones las que garanticen la profesionalización y la formación adecuada para aplicar políticas de igualdad. De lo contrario, si no hay personas con formación, esas políticas corren el riesgo de tener poco impacto real.

¿Qué propuestas crees que podrían incorporar los concellos en sus políticas de igualdad?

A nivel institucional, es fundamental que haya recursos y un compromiso real. También deben establecerse líneas rojas claras sobre discursos y prácticas que no deberían tener cabida en una sociedad democrática e inclusiva.

Desde el activismo, nuestro papel es distinto. Organizamos actividades como cafés feministas y el Festivala, nuestro festival, que este año se celebrará el 30 de mayo. Salimos a la calle porque entendemos que nuestro espacio está en la reflexión colectiva, en la transformación cultural y también en la presión social. La ciudadanía es una herramienta clave para impulsar la aplicación de medidas y leyes, pero también para transformar mentalidades.

Más allá de las actividades en la calle, ¿crees que estos foros y espacios de debate pueden contribuir a la educación en igualdad?

Sí, creo que la educación en igualdad debe ser transversal. Aunque es importante reivindicar y organizar actividades específicas, como el 8 de marzo, es aún más necesario incorporar la perspectiva de género en todos los ámbitos.

Desde la educación lo veo muy claro: debe estar presente en cada materia y en cada asignatura, pero también en el ámbito sanitario, en el periodismo o en la comunicación. El feminismo no es solo una teoría, es una práctica diaria.

¿Cómo ha cambiado la percepción social del feminismo en esta última etapa, marcada por una mayor movilización pero también por discursos contrarios más visibles?

Hubo un momento álgido en 2018, con el caso de La Manada. A pesar de que parecía que contábamos con leyes igualitarias, ese caso evidenció que faltaba formación y un cambio social profundo. En ese momento, muchas personas tomaron conciencia y comenzaron a identificarse abiertamente como feministas.

Sin embargo, cuando el feminismo gana fuerza y el activismo crece, también surge una reacción por parte de quienes sienten que sus privilegios se tambalean. Esa reacción intenta frenar el avance utilizando distintas herramientas y discursos.

Las feministas siempre hemos tenido que enfrentarnos a resistencias a lo largo de la historia, no es algo nuevo. Pero es cierto que en los últimos años esa oposición parece más visible y más intensa. Aun así, creo que estos procesos son cíclicos y que, en algún momento, volveremos a avanzar hacia un escenario más favorable.

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