Cristalarosa, el negocio “de barrio” nacido en Cervantes y que cumple 60 años de vida
Fue la primera cristalería de la ciudad y también de la provincia. Ahora también es la única que queda. Tres generaciones están detrás del éxito de este pequeño negocio de Maruja Mallo

Fue en el año 1966 cuando los abuelos de Iván Vázquez descubrieron un nicho de negocio en Vilagarcía. Venían de una empresa familiar previa, de carpintería de madera e instalada en A Torre, pero pronto decidieron emprender por ellos mismos. “Eran outros tempos”, explica Vázquez. Fueron los inicios de lo que hoy es Cristalarosa, la primera cristalería que tuvo Vilagarcía (y de las primeras también en la provincia de Pontevedra) y que – a día de hoy y seis décadas después– sigue al pie del cañón con su tercera generación al frente.
La abuela de Iván, María Teresa Núñez, todavía vive. Ella inició junto a su marido la empresa en la calle Cervantes. “Viron que non había máis negocios destas características e que era unha boa oportunidade. De feito ao principio despegou moi ben porque se traballaba para toda a provincia de Pontevedra”, recuerda su nieto Iván.
“O primeiro negocio foi na rúa Cervantes. Despois aquí sempre tivemos almacén, pero acabamos trasladando ao final todo"
Emprender les salió bien. Además del negocio montado en Cervantes tenían un pequeño almacén en lo que era hasta no hace mucho Fariña Ferreño (desde hace meses calle Maruja Mallo) y fue ahí donde se asentó en los últimos años no solo como taller y almacén, sino también como atención al público.
“Polo que contan as cousas cambiaron moito. Había moito traballo, pero as cousas non requerían tanta burocracia como hoxe en día”, explica. Señala que el cristal que se vendía venía de una fábrica grande en Francia y, de allí, a la central de Santiago. De la capital ya llegaba a las instalaciones de Cristalarosa. “Pois chegaron a ser 15 empregados. Houbo moito traballo porque se fixo moita obra, moitísima. Agora somos cinco”, explica Iván.
Tres generaciones
Después de María Teresa cogió las riendas del negocio su hija María Jesús García, madre de Iván. “Tiña catro anos cando seus pais empezaron coa empresa”, explica Iván. De hecho ella mamó el negocio desde niña – “basicamente coma min”– y vivió las diferentes fases por las que este pasó.
“Houbo unha época na que había máis cristalerías. Agora só quedamos nós”, apunta Iván.
De hecho Cristalarosa es de esos negocios que ellos mismos definen como “de barrio”. Cruzar su puerta acristalada es encontrarte a una vecina pidiendo un cristal para cubrir una mesilla y la atención, además de ser personalizada, es inmediata. “Pola tarde xa pode vir a buscalo”, le explica Iván a la mujer.
Cruzar su puerta acristalada es encontrarte a una vecina pidiendo un cristal para cubrir una mesilla y la atención, además de ser personalizada, es inmediata
Y es que – al menos por ahora– es un producto y un servicio que todavía no se puede conseguir en Amazon. “De momento”, insiste Iván.
Cristalarosa trabaja a día de hoy fundamentalmente con aseguradoras. “Temos practicamente o cen por cen e é no que nos centramos”, señala. También en los pequeños pedidos que puede tener la gente de Vilagarcía o alrededores que los tienen como referencia. ¿Los retos? Pues seguir al menos con el mismo volumen de trabajo. “Eu traballei noutras cousas fóra, pero dende hai xa uns anos vinme para aquí. Son a terceira xeración”, recalca desde detrás del mostrador.
La empresa instalada en Maruja Mallo está orgullosa de haber llegado a los 60 años de vida con una gran vitalidad, pero de momento no han decidido cómo van a celebrarlos. “Algo temos que facer, por suposto. A ver de cara ao verán e tamén queremos facer unha pequena reforma”.
Lo que está claro es que Cristalarosa sigue siendo de esos negocios en los que uno habla de tú a tú con el cliente, que da vida al barrio y que aspira a seguir activo unos cuantos años más. “É complicado atopar man de obra, a verdade, cada vez máis. É algo que tamén pasa noutros sectores, non só a nós. Ao final iso tamén acaba repercutindo na clientela”, subraya el vilagarciano. Por el momento la puerta sigue abierta en este pequeño rincón de Vilagarcía, con una sonrisa amable detrás del mostrador y con una profesionalidad avalada por 60 años de trayectoria.







