La Bella Otero: diva del Moulin Rouge y mesalina para sus vecinos
Convertida en pieza de museo, Agustina Carolina Otero Iglesias revive en Valga

Agustina Carolina Otero Iglesias es el nombre de una mujer que nació el 4 de noviembre de 1868 en el municipio deValga. De familia humilde, jamás pasaría a la historia si no fuese por su carácter extrovertido y visionario y un hecho que marcaría su vida y su relación posterior con los hombres. El zapatero del pueblo, apodado ‘Conainas’, según cuentan cronistas, historiadores y se recoge en la memoria de sus vecinos, la violó brutalmente cuando apenas tenía once años de edad. La agresión fue de tal dimensión que le provocó la rotura de la pelvis y le produjo desgarros que la dejaron estéril.
Lejos de encontrar comprensión y amparo, la niña Agustina fue catalogada como la culpable de este episodio porque, según relata el director del museo dedicado a la Bella Otero en Valga, Santiago Chenlo, “era unha rapaza moi extrovertida, guapa e voluptuosa”, razón por la que la sociedad “culpouna a ela” y no solo eso, sino que “foi rexeitada polos veciños”, mientras el hombre que la mancilló vivió, aparentemente, sin quebraderos de conciencia y respetado por la comunidad.
Este es uno de los episodios que se cuentan en las visitas guiadas que se realizan al museo dedicado a ella porque “serve para abrir un debate social sobre como se trataba ás mulleres nunha época na que o estereotipo era que tiñan que ir recatadas porque do contrario corrían o risco de que lles pasara o mesmo que a ela”.
Vida imposible en Valga
La presión que padecía la joven Agustina Otero tras ser víctima del ‘Conainas’ le hizo la vida imposible en Valga, su pueblo natal, por lo que estaba dispuesta a irse a la mínima oportunidad. El momento llegó cuando pasó por allí una compañía itinerante de teatro. La joven tenía talento y una presencia escénica enorme, por lo que no le fue difícil subirse al carromato e irse para siempre del lugar donde había nacido para iniciar una nueva vida que la llevaría a convertirse en leyenda bajo el nombre de la Bella Otero.
A partir de ahí comenzó su carrera artística. Su vida en esos primeros momentos sobre los escenarios no es demasiado conocida, pero sí se ha podido saber que llegó hasta Andalucía, pasó por Portugal y se asentó durante un tiempo en Barcelona, donde ya llenaba teatros.
El trauma sufrido de niña condicionó su relación con los hombres y en aquella época, la del romanticismo, hubo varios de ellos que incluso llegaron a quitarse la vida al no ser correspondidos. “Hai rexistros de homes que se suicidaron, e deixaron constancia diso”, apunta Santiago Chenlo, quien añade que “esa era unha forma de devolverlle o mal o xénero masculino”, porque Agustina Otero “xa tiña carácter de nena e non se deixaba dominar por ninguén”.
Ya convertida en la Bella Otero, la valguesa triunfaba en la ciudad condal y este éxito no pasó desapercibido para un empresario que veía potencial en ella para que se convirtiese en una artista internacional. “Puxo cartos para que dera o salto a París e alí encaixou na Belle Epoque, onde foi unha das máis grandes”.
Artista internacional
Cada actuación de la Bella Otero generaba expectación. Cada vez que se subía al escenario levantaba pasiones y acababa ovacionada. Su fama trascendió a París, que ya era lo máximo en Europa. Su presencia era requerida en todo el mundo hasta el punto de que también fue requerida en Nueva York, donde José Martí le dedicó un poema.
La Bella Otero tenía el mundo a sus pies. En poco tiempo pasó de actuar sobre las tablas de un carromato a pisar los mejores escenarios del panorama internacional y codearse con mandatarios, reyes y emperadores.
También estuvo en Japón y tal era la aura de esta joven valguesa que fue invitada por el zar Nicolás II a su cumpleaños. El emperador ruso alquiló un tren para ella sola y la llenó de atenciones en lo que parecía más que un simple interés por presenciar su actuación.
“O espectáculo non se circunscribía só ao que pasaba sobre o escenario, senón que todo o que conleva”, agrega el director del museo sobre la Bella Otero en Valga.
Su fama trascendía entre la aristocracia y la realeza europea y se dice que mantuvo romances con Eduardo VII de Inglaterra o Guillermo II, de Alemania, entre otras personalidades del mundo de la política, acreditándose una fama de “femme fatale”.
En medio de este ambiente, Santiago Chenlo cuenta una anécdota que muestra el carácter y la relación que mantenía la Bella Otero con los hombres más poderosos e influyentes del planeta.
Relata que un empresario adinerado estadounidense le ofreció una ingente cantidad de dinero por pasar una noche con ella. La valguesa se negó, cuenta el director del museo, y le dijo que por esa cantidad podría estar únicamente media hora con él. Tales eran las pasiones que levantaba que el hombre aceptó y se dispuso a pagar lo que ella pedía.
La media hora más cara
Una vez a solas en el apartamento, ella comenzó una conversación y le enseñó las fotos que se había sacado como artista, algunas de ellas sugerentes, y entre unas cosas y otras se pasó la media hora pactada. El empresario tenía más intención que hablar de lo divino y lo humano y cuando se disponía a ir un poco más lejos, “ela levantouse, díxolle que acabara o tempo e marchou”, revela Santiago Chenlo, quien añade que como ese hay muchos más casos.
No está acreditado que la Bella Otero fuese una espía al estilo de ‘Mata Hari’, pero es seguro de que conocía más de un secreto de estado en un momento clave para la historia como lo fueron los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial.
Unas semanas antes del estallido del conflicto bélico se convocó una reunión de jefes de estado para evaluar la situación, pero las tensiones existentes entre unos y otros motivó que ese cónclave fuese un fracaso y muy pocos acudiesen a la cita.
Sin embargo, poco después, la mayoría de ellos se reunieron y departieron sobre la contienda en la celebración del cumpleaños de la diva, dato que demuestra la influencia que esta mujer empoderada tuvo cuando estaba en el cénit de su carrera.
Su capacidad de innovación y de estar siempre a la última motivó que se convirtiera en la musa de los hermanos Lumiere, siendo pionera del cine, tal y como acredita en un libro Miguel Anxo Fernández. Fue durante su estancia en San Petersburgo y en la grabación fue la protagonista de una película de cine mudo en la que hacía gala de sus danzas y la sensualidad de sus movimientos.
Es la única imagen animada que existe de ella y eso demuestra el interés que tenía sobre los avances tecnológicos de la época y que supo aprovechar para la promoción de su trabajo y engrandecer su imagen.
Agustina Carolina Otero Iglesias, la Bella Otero, era considerada una diva en medio mundo y los hombres más poderosos perdían la cabeza por ella, hasta el punto de que hay acreditados varios suicidios de enamorados no correspondidos. Fueron muchos también los que se encapricharon con ella y se arruinaron por completo para colmarla de regalos y atenciones tan solo por su compañía.
Gran fortuna
Su vida, en cuanto al aspecto económico, fue como un tiovivo. Vivió una niñez en una familia humilde y trabajadora, pasó ciertas penurias en su periplo en la compañía de teatro ambulante, ganó dinero en Barcelona, se enriqueció en París y amasó una fortuna a lo largo de su carrera. Santiago Chenlo, director del museo de Valga erigido en su memoria, lo define de una manera muy gráfica. “Dicían que tiña máis cartos que area ten unha praia”.
Sin embargo, pese al éxito obtenido a lo largo de su carrera artística, incluso a día de hoy, la imagen de ella en su pueblo natal, en Valga, sigue siendo otra bien distinta. “Algunha xente criticaba que se lle honrara a memoria porque a consideraban unha prostituta e, ata no tempo que estamos, seguen a pensar así”.
Por ello, el Concello de Valga impulsa la visita de escolares al museo para tratar de erradicar la imagen que hay de ella como mesalina para transformarla en la de una mujer adelantada a su tiempo, víctima de una agresión sexual y una artista con un talento descomunal que le ha valido para alcanzar fama en todo el mundo.
Falsa identidad andaluza
Esta animadversión hacia ella fue el principal motivo por el que Agustina Carolina Otero Iglesias, la Bella Otero, renunciase a sus raíces y se presentase como una mujer andaluza. Como todo en su vida, esta elección no fue casual, ya que “sendo dalí era máis fácil triunfar no mundo do espectáculo”, aclara Santiago Chenlo, quien insiste en que es necesario poner en valor su trayectoria porque “foi unha muller que labrou a súa propia figura e loitou polo éxito despois de poñer a conta a cero”.
Este museo tiene un fuerte componente local, ya que para llenarlo de contenido se ha recurrido a los propios vecinos. Los vestidos, por ejemplo, no son los de la época porque no se han conservado o no los han podido conseguir, por lo que “encargamos a unha costureira local que os elaborase a través das fotografías que lle pasamos e o resultado é espectacular”.
Apuesta por lo local
Las personas que visitan el museo, que está dividido en dos partes, una centrada en su infancia y la otra en su faceta como artista. Además, se proyecta un vídeo protagonizado por una de las familiares de la Bella Otero, caracterizada, peinada y vestida como ella, que le da realismo al ser grabado en las mismas zonas donde la diva vivió.
Todas estas iniciativas están encaminadas a lo mismo, a depurar la imagen de una de las vecinas de Valga más relevantes. De hecho, Santiago Chenlo remarca que “veñen ata aquí moitas personas só para ver o museo en busca dalgún detalle da súa vida de nena”.
La leyenda sobre el personaje continúa agrandándose porque “a súa vida foi de película, con todos os compoñentes para unha protagonista que acadou a gloria, foi grandiosa, viviu no luxo e que ao final morreu arruinada aos 96 anos”.
La Bella Otero fue haciéndose mayor e incapaz de mantener el nivel de años anteriores, por lo que su imagen mudó a la de una artista en declive, propia de quien tiene a todo el mundo a sus pies y se queda sola, hasta el punto de que murió sola y a su entierro solo fueron el cura y otras dos peronas.







