El Dr. Jekyll y el Dr. No
Los plenos municipales de Vilagarcía no parecen aptos para ser emitidos en horario infantil. La mezcla de mentiras, venganzas, transmutaciones y faltas de respeto los situarían en una franja de madrugada en cualquier parrilla televisiva coherente. El de enero de 2016, el de los fallidos presupuestos socialistas, pasará ya a la triste historia de este municipio como lo que pudo ser y, ni mucho menos, fue.
Ya se encargaron los de la bancada socialista en dinamitar todos y cada uno de los puentes que les podrían haber ayudado a saldar incluso con unanimidad el primer gran examen del mandato. ¿La nota obtenida? Juzguen ustedes mismos, pero concederles más que un Muy Deficiente suena a favoritismo, la verdad.
Basta con haberse fijado en algunos detalles. Eso del lenguaje no verbal. La concejala que actúa como portavoz socialista, la más veterana de lejos del equipo de Varela, se mostró muy segura en sus intervenciones cuando se trataba de tirar de demagogia y de faltar al respeto a los demás. Incluso hubo quien se quejó amargamente de las reiteradas broncas recibidas. Ahí se desenvuelve bien. Está tan acostumbrada… El problema llegó en los dos puntos clave. Había que introducir una gran trampa. Disfrazar una gran mentira. Quiso pasar de puntillas, pero le acabó explotando en medio y medio del salón de plenos. Se creían que lo tenían todo bien atadito y finalmente quedaron retratados, unos y otros.
El cebo eran los niños de Rubiáns y la plaza. No hubo ni un solo grupo que pusiera pegas. El problema eran las formas. Otra vez las formas. Tartamudeaba la edil García Sanmartín y le temblaban los papeles. Sabía que caminaba sobre arenas movedizas. Y la realidad le sobrepasó. Las tres fuerzas de la oposición real detectamos la patraña y la foto del BNG y el PSOE levantando la mano al unísono, con música de piano de cola de fondo para dar ambiente, solo quedó deslucida por el bochorno que supuso tirar del veto a un concejal para llegar al voto de calidad. Deplorable.
El caso es que los apodos son a estas alturas algo inevitable. El portavoz de los militantes nacionalistas siguió tirando por la borda grandes dosis del valor de su palabra, aunque dados los precedentes, lo contrario sería lo sorprendente. En las jornadas previas, todo hace indicar que le había dado en la intimidad de Alcaldía su palabra al regidor de que seguiría siendo dócil (como hasta ahora) en todos los caprichos del alcalde. El guion se cumplía a rajatabla. Poco a poco se iba desatascando. Capítulo tras capítulo se anunciaba el apoyo… Pero sus militantes les tiraron de las orejas. La bronca fue tan contundente que unas pocas horas después de aparecer en los periódicos su “sí”, convocó de urgencia a los mismos periodistas a los que les había tomado el pelo para quedar en evidencia y tomárselo a sí mismo para acabar diciendo no. Donde dije digo, digo Diego. Eso sí, como nadie en Ravella le alertó de la trampa del cambio de finalidad, él tampoco alertó a sus masas. Dicen algunos para consolarse que callar no es mentir. Será eso. El caso es que tuvo que tragar el sapo de no corresponder públicamente con su matrimonio político de conveniencia, aunque sí le respaldó la otra mitad, no vaya a ser. Comprenderán que a pie de calle muchos ya le conocen como el “Doctor Jekyll”. Capaz de lo mejor y lo peor. De deshacer con las patas lo que hace con el pico y de actuar según sople el viento, la luna que haya o el pie con el que se levante. Una veleta, en toda regla, vaya, como diría Pérez Callón.
El otro gran protagonista, por seguir hablando del gremio es su colega y a la postre alcalde, el Doctor No. El archienemigo de 007 está adquiriendo una mala costumbre. Exhibir sus galones para prohibir. Parece que le está cogiendo el gusto a eso de mandar, y fuera de su círculo, nadie ponía en duda que era el que mandaba… No sé… Da que pensar…
El caso es que cada vez que niega alguna petición como la de que todos los ediles del pleno podamos votar unos presupuestos que se pueden calificar de cualquier manera menos participativos se baja un escalón del templete en el que se cree que vive. Cada vez que prohíbe la presencia de la oposición en las mesas de personal, se cae una piedra del mausoleo que quisieron levantar los socialistas entorno a su inexperto líder, y cada vez que se convoca un pleno para votar alegaciones y el jefe municipal lo impide, se funde un foco de los que le alumbraban en campaña. El problema es que el “Doctor No” cuando más se gusta es cuando ataca a la pluralidad, a la transparencia y a la democracia. Y es que se encuentra mucho más cómodo prohibiendo que dialogando, mandando que consensuando. Muy lejos queda ya aquel “concejal número 22”, que iba a nacer para escuchar al ciudadano. Prefiere, sin dudarlo, tener solo 20 ediles en el pleno para ver si empata y de paso veta la asistencia de un miembro electo de la corporación con la única aspiración de martillearnos con el arma del voto de calidad desde su evidente y preocupante minoría.
Mil y una oportunidades ha tenido ya el señor alcalde de mejorar su imagen y la de su partido, pero se sigue dejando llevar por los que revolotean a su alrededor y le dirigen al abismo. Cree que tiene más crédito del que confiesan sus cuentas de imagen pública. Cuando un grupo de gobierno en minoría (que no acaba de asumir que está completamente solo) está más cómodo dirigiendo el destino de una ciudad en las cloacas de la política, donde la luz es tan tenue como su desaparecida credibilidad, solo puede acabar de una manera… empeorando los pésimos registros de sus antecesores. Tiempo al tiempo. A ver quién acierta. Mientras tanto, un consejo de servicio público: que todo el mundo intente no caer enfermo, porque en Vilagarcía hay dos doctores de guardia que no son precisamente aconsejables para que sean de cabecera. Estamos en manos del Dr. Jekyll y del Dr. No. Salud a todos, que falta nos hace!
*Portavoz del grupo municipal del Partido Popular en Vilagarcía
