La estafa de “las subordinadas”
Solapadas por el “bombazo” de las preferentes, las obligaciones subordinadas poco tienen que envidiarles en términos de supuesta rentabilidad. Con fechas de vencimiento superiores a 10 años, también cotizan en el mercado secundario, por lo que para recuperar el dinero antes del plazo pactado hay que venderlas ahí, con la consiguiente merma del capital invertido; que, como las preferentes, tampoco está garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD); e, igualmente, no se cobran intereses sino hay beneficios; item, el Banco Central Europeo obliga a sus desdichados titulares a aceptar porcentajes de pérdidas del 60 al 70 % del capital contratado, como si fueran inversores. ¿La “buena noticia”?: que, si el banco quiebra, su cobro es “preferente”, ¿adivinan a quién? A las preferentes.
En fin, un corrupto producto, propio de tahúres, no solicitado ni buscado por el común de los clientes, a los que no se les da la información mínima imprescindible; al contrario, engañosamente, se “viste el muñeco” como un simple depósito de capital con buena rentabilidad, que puede liquidarse en cualquier momento, cuando, verdaderamente, se les coloca una compleja deuda de alto riesgo y larga duración, no amortizable, salvo a elección de la entidad, y no cubierta por el FGD.
Jurídicamente, entiendo que concurren todos los requisitos del delito de estafa, pues el operador bancario, movido por un exclusivo ánimo de lucro, aprovechando astutamente la confianza depositada por el cliente, ocultándole las verdaderas características del objeto contractual y el ardid de su buena rentabilidad, le provoca el error y consiguiente traslado de parte de su patrimonio al banco, recibiendo “gato por liebre”, o nada. Desde luego, esa “mise en scene” en que se desarrolla la estafa es sangrante, despreciable, cuando, como en las preferentes, muchas víctimas son jubilados, ancianos, analfabetos, o, sencillamente, personas con nula formación financiera y/o experiencia inversora, que, inmoralmente, son perjudicados en bienes de primera necesidad y avocados a una desesperada situación económica.
