UNA CANALLADA
Es inaudito. En su momento, Hacienda reclamó al intragable ministro Montoro que no multara a los pensionistas retornados que habían sudado la gota gorda trabajando en la emigración. Pero es hoy el día en que la Agencia Tributaria continúa desatendiendo la demanda de la Xunta y se empecina en sus trece siguiendo con la imposición de sanciones a los emigrantes que han vuelto a su patria y que no encuentran manera de demostrar que nunca tuvieron animo de defraudar. O sea, que después de haberse roto el alma en el extranjero, después de haber enviado divisas a España y después de volver a su país con la mayor de las ilusiones para morir aquí o disfrutar aquí de las pensiones que perciben del extranjero, llega Montoro y les hace “un hijo de palo”.
Elena Muñoz, conselleria de Facenda, intentó que no se multase a estos exemigrantes porque “la mayoría desconocía que tenían que declarar esas pensiones”. Y fue más lejos cuando dijo: “Si no hay intención de cometer una infracción no hay que sancionar”. Sólo en Galicia serían 20.000 exemigrantes los afectados. Vamos, una autentica cuestión de Estado. Pero las sanciones siguen llegando a los afectados que ahora se lamentan: “No hay nada que hacer. Es imposible. Buscan dinero debajo de las piedras y no queda otra que pagar”. Lo triste es que en su día los afectados recibieran información errónea desde las oficinas de Hacienda y ello fue el motivo por el que la mayoría de los retornados no incluyeran en sus declaraciones lo recibido del exterior. Ahora de lamentan y les sobra razón. “No somos defraudadores fiscales. Si supiéramos que había que tributar lo habríamos hecho”.
O sea, que Montoro concedió amnistías a los verdaderos evasores fiscales, pero castiga a la pobre gente que sudó en el extranjero. El caso inaudito de Montero clamó al cielo: ni en el fraguismo, ni en la transición, ni nunca, se dio un caso de “burramia” política como el de este, políticamente hablando, apestoso señor.
