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En España los sindicatos no atraviesan por su mejor momento. Han perdido fama y afiliados. Es difícil saber si la mengua de afiliación es obra del desencanto atribuible a los errores de los propios sindicatos o una consecuencia colateral de la crisis. O una mezcla de factores. También se les critica por recibir financiación del Estado de la que también se beneficia la patronal. Más allá de la exacerbación partidista cualquier dirigente sindical honrado debería aceptar que la “munición” para denostar a los sindicatos ha sido servida en bandeja por los casos reiterados de corrupción.
El largo caso de los ERE y el presunto y millonario fraude relacionado con los cursos de formación esparció gran descrédito sobre los sindicatos. Y no sólo en Andalucía. Tampoco ayudó el caso de Fernández Villa. ¿Tiene sentido la existencia de sindicatos en el siglo XXI? La opinión publicada se divide. Hay quien piensa que son instrumentos del pasado porque el concepto mismo de lo que es y aporta un trabajador está cambiando en esta era de tecnología y ordenadores en la que la disposición a trabajar es cada vez menos relevante.
Otros seguimos pensando que los sindicatos son tan necesarios como lo fueron en el pasado pero creemos que para volver a encontrar su sitio deberían hacer autocrítica. Y modernizarse. Y a la manera de sus colegas alemanes renunciar a las subvenciones.
Sin renunciar a su Historia, también deberían rebajar el exceso de contigüidad con algunos partidos políticos haciéndose transversales. ¡Ah¡ y romper con las inercias que convierte el 1º de Mayo en una suerte de parque temático reivindicativo donde la rutinas se dan cita tanto en las pancartas como en los discursos.