Feijóo y Peter Pan
El mundo que parece contemplar Alberto Núñez Feijóo se parece mucho al de leyenda de Peter Pan. Cuando le tocó comentar el estado de la autonomía de Galicia aquello parecía el Paraíso Terrenal. Galicia era florida y hermosa. El futuro de nuestra tierra se amanecía de perfecto color de rosa. Pero vino Méndez Romeu y “mandó parar”: “Están destruyendo el Estado de bienestar conquistado por todos” y pidió una acción transversal contra el deterioro demográfico de nuestra comunidad Autónoma. Mientras, Feijóo, en las patatas, a pesar de que los grupos de oposición acusaban al presidente –camarada náutica del señor Dorado- de que su alocución complaciente está muy lejos de la realidad. Y algo de esto o mucho de esto debe de haber en esta Galicia de nuestros pecados, cuando toda la prensa gallega acaba de poner de manifiesto que la crisis redujo el gasto final de cada familia gallega en tres mil euros al año y que el consumo de los hogares de nuestra tierra bajo 1.110 millones de euros el último lustro.
Dicho en Román paladino: nuestras familias se ven obligadas a recortar en alimentación, muchos más en transporte y son cruelmente aguijoneados en las traidoras subidas del agua, la electricidad, el gas y otros combustibles. La puta luz subió en 70% o más desde 2011. Alarma, querido Feijóo: cada familia se gastó el pasado ejercicio en Galicia, de media un total de 27.205 euros. ¡¡Ojo!!: mil euros por debajo del promedio español. Los hogares gallegos gastan hoy 1.200 millones de euros menos en el transporte de lo que pagaban en 2008. El hambre, las ganas de comer y “lo bien que va” (ja, ja) el nivel de vida de los gallegos hace necesario que cada vez se utilice más el coche de San Fernando: “un poquito a pie y otro andando”. Claro que esto último no reza con los ilustres parlamentarios gallegos, casi todos, poliglotas (más ja, ja).
Mientras, en los escaños del Parlamento Gallego se discute arduamente sobre el sexo de los ángeles, con lo cual se mata el hambre del pueblo gallego. Rectifico: Feijóo ya no cree en el cuento de Peter Pan. Ahora le va mejor aquel que habla de pajaritos preñados.
