PROVOCACIÓN TEATRAL
Spectro Teatro en el Rosalía, ciclo principal y buena entrada, debutó con un interesante musical o si quieren drama lírico de Stephen Dolginoff “Excítame, el crimen de Leopold y Loeb”. Un thriller esquizofrénico donde dos estudiantes homosexuales se conducen más allá de cualquier esquema moral: Marc Parejo, influenciado por Nietsche y su teoría del superhombre, insiste a su amigo Alejandro de los Santos en cometer delitos.
Después de convencerle de raptar a un niño con petición del rescate, lo asesinan con ensañamiento. Todo el objetivo es ser condenados a cadena perpetua y compartir juntos la misma celda, por lo que deja las gafas de su compinche como pista a la policía.
Si el nudo argumental se evapora por desquiciado, su fuerza dramática te asfixia gracias a excelsa música –hay incluso pasajes de la ópera de Tres peniques– que nos traslada al mejor Broadway con Schubert y Kurt Weil. Vivimos el Chicago de 1924 y aquella agonía próspera y audaz de quienes teniendo el máximo bienestar eran pobres desgraciados. Muy buena iluminación y batuta escénica de José Luis Sixto con la colaboración melódica y fundamental de Aday Rodríguez.
Los protagonistas bordan sus personajes. Reales. Complicados. Fuera de sí. Amantes sin escrúpulos. Dicción magnífica que llega hasta el rincón último de las localidades. Cantan seguros. Sin estridencias ni gorgoritos. Timbres masculinos de barítonos siguiendo el cauce que les marca el pianista Aitor Arozame que, al final, sale al palco escénico con los actores a recibir los aplausos de un público asombrado y feliz.
¿Irrefrenable obsesión? ¿El abismo que te llama desde el acantilado y te seduce para reposar en sus brazos? ¿La manipulación como sibila de una existencia donde todo está permitido porque Dios ha muerto y vivimos más allá del bien y del mal?
