Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

LA MORTECINA CONVENCIÓN DEL PP

Por algún sitio leí que a Feijoo le había gustado “mucho, mucho” el discurso de Aznar en la convención del PP del pasado fin de semana. Lógicamente no presté mayor credibilidad a semejante y supuesta cita textual. Porque ni en el fondo ni en las formas, ni en lo físico ni en lo químico el titular de la Xunta y el ex presidente del Gobierno tienen mucho que ver, por no decir nada. Pero por si quedaba alguna duda sobre el distanciamiento entre ambos, el primero de ellos lo dejaba claro, con cierta displicencia, en entrevista periodística posterior: “Fue un discurso previsible. Aznar vino a hacer su faena y a dejar su mensaje. Para algunos votantes, militantes y simpatizantes ha venido bien”. Para él, por lo que se ve, no.
El presidente del Partido Popular de Galicia y de la Xunta participa así del disgusto que el contundente alegato de Aznar produjo en la cúpula del partido y en los cuadros territoriales fieles a Rajoy. Algunos, como la últimamente superjaleada vicepresidenta Sáenz de Santamaría, se han consolado diciendo, sin precisar mayormente, que hubo partes del discurso que le gustaron y pasajes que no compartía. Otros, que más vale tener al ex presidente dentro que fuera.
Lo que ha quedado, sin embargo, claro es que en el PP se está ampliando la brecha entre sus dos almas de siempre. Entre el ala desideologizada, tecnocrática y deshuesada de hoy y el sector más fiel a los principios y a las señas de identidad de ayer. Hace no mucho tiempo desde los altos despachos de Génova se dejaba correr la explicación de que el partido incumplía determinadas promesas electorales para evitar la hemorragia de votos por la izquierda. Pero a la vista de la convención del pasado fin de semana y de los personajes repescados para la ocasión, parece que se teme una fuga también por la derecha.
De todas formas no pocos se preguntan para qué ha servido la convención de marras, salvo para eventualmente insuflar ánimos en los cuadros dirigentes de cara a la larga campaña electoral que se avecina con al menos cuatro convocatorias en el horizonte. Porque de la magna asamblea no ha salido ni un PP más unido, ni más perfilado ideológicamente ni más cercano a la victoria.
Parece más que probable que la mejora económica no llegará a tiempo para recuperar el terreno perdido. Incluso puede muy bien no funcionar la estrategia del “o el PP o el caos” que se empieza a predicar. Ante tal panorama preocupa y mucho que siga faltando capacidad de liderazgo, debate de ideas y un catálogo de compromisos firmes. Porque así la cuesta arriba va a resultar más que penosa de subir.