CONVERSIONES SÚBITAS
Entre nuestras autoridades eclesiásticas parece que está calando hondo el quehacer diario del papa Francisco. Solo me cabe la duda de si tal cambio obedece a un mimetismo estructural, es decir: por caer bien al jefe y que me quede como estoy, o bien por convencimiento. Voy a ser bien pensado y creeré que han escuchado con los oídos y no con la espada de Damocles de lo que les ha pasado a sus hermanos exobispos (lo de eméritos, mejor lo omito) de Granada y Zaragoza y que por tales miedos de cese giren hacia posturas más papales que jerárquicas.
Me sorprende la rapidez con que han cambiado ciertos obispos el sentido de sus pastorales y discursos que no hace tanto tiempo, solamente oírlos, producían chirridos morales. Un ejemplo claro de tal cambio es mi querido don Antonio Cañizares: ¡Quién lo oye, y quién lo oyó! De verdad que he tenido que releer varias veces sus manifestaciones últimas y es que ¡no me lo podía creer! aunque me parece que seré, un poquito, como Santo Tomás. Pero confiaré.
Sobre él no menos me sorprende lo que cuentan las crónicas sobre su reciente intervención en el Club Siglo XXI, en la que habló en tono muy humilde y concluyendo en que vivíamos en una crisis moral. Tiene razón; hemos perdido el norte de los valores y los pocos que nos quedan, están muy laxos. Y digo yo: ¿por qué los hemos perdido? Solo encuentro una respuesta: hemos perdido a los líderes, incluida nuestra Iglesia que tiene mucho que ver en tal pérdida.
La Iglesia ha dado la espalda a la sociedad; ha provocado, cerrando puertas, que busquemos otros referentes morales; y don Antonio tiene bastante responsabilidad en tal perdida. Él y la mayoría de los obispos. Espero que tal conversión del señor Cañizares sea sincera y yo, por emular a Santo Tomás, le pediría una prueba de lo que ahora dice que hará en su diócesis repartiendo riquezas entre los pobres. Le rogaría que vendiese la famosa Capa Magna y destinase lo recaudado a obras de promoción social. Sería una buena manera de convertir en mejores hechos las buenas palabras. ¿A que suena bonito?
