EL BAILE DE LOS MALDITOS
Los periódicos lo expresaron con tremenda crudeza, poniendo de relieve la intensidad de la bofetada propinada: “Rajoy y sus ministros boicotearon a Aznar y su libro de memorias”. Después, profundizaron más: escenificaron la ruptura al no asistir a la presentación de su obra sobre los años en que compartieron gobierno. Las consecuencias de esta “espantá” llegarán, no lo duden, antes o después. Conociendo un poco a Aznar, se puede decir que ni olvida, ni perdona.
La cara de su mujer, Ana Botella, era todo un poema. La faz del propio Aznar parecía que iba a estallar y el rostro de los que fueron ministros con él y que sí estaban allí asimilaban auténticas almas en pena. La tremenda sima que se ha abierto entre populares aznaristas y populares rajoystas es de las que hacen época y no me equivoco si digo que las consecuencias de este abismo político se han de notar en próximas elecciones. La única cara oficial presente en el acto de ofrecimiento del libro de marras fue la de Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes: poco arroz para tan imponente pollo.
Pero Aznar las saltó como puños y no se mordió los labios ni se tragó las palabras. A saber: “Nosotros no llegamos al Gobierno para flotar –¡toma castaña pilonga!– y que nos resbalasen las cosas”. Otra: “No se hace suficiente política y son otros poderes los que deciden”. Y una más: “Sigo comprometido con servir al interés general de España y que éste prevalezca”.
Es decir, todos dardos dirigidos al corazón de Rajoy y de su mariachi. Sin duda, el presidente y los actuales ministros se olieron la tostada e hicieron mutis por el foro aún antes de acudir. Pero allí estaban Esperancita Aguirre, luciendo piernamen y quizás intuyendo que Aznar todavía tiene mucho que decir en la política.
O sea, que lo que venía intuyendo que iba a suceder, hizo eclosión: el baile de los malditos ya se ha hecho realidad. Ahora, a esperar las mutuas venganzas de “cuchillos cachicuernos”. Y es que son como niños, pero como niños mal educados
