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Ni brotes verdes, ni leches en vinagre. El 21% de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza, y cuando se trata de menores de 16 años se dispara a un 25%. De cada cien hogares, 13 llegan a fin de mes con muchísima dificultad. Cuatro de cada diez admiten que no podrían pagar un gasto imprevisto y el 9% se retrasa en los recibos domésticos. Entre los inmigrantes no comunitarios la tasa de pobreza es demoledora: el 43,5%. Las familias que se rompen caen más rápido en pobreza. Pero por su parte, la Báez, el Montoro, el De Guindos y demás componentes del mariachi ven brotes verdes para esta tristísima España.

Conste que la respuesta de la Iglesia es ejemplar: ya estaba volcada en los más necesitados antes de esta gigantesca crisis: sus 305 centros para expresidiarios, toxicómanos y víctimas de la prostitución y violencia acogían a unas 50.000 personas. Con más de 90 centros de menores, atendía unos 10.000 niños en situación de riesgo o de abandono. Con la crisis, a todo esto se han sumado nuevos pobres y las parroquias han vuelto a abrir sus despensas y roperos. Desde hace cuatro años, los donativos a Cáritas no cesan de crecer y también aumentó su número de voluntarios. Con todo y con eso, hay más hambre que nunca. Son impactantes las fotografías de periódicos con desasistidos de la fortuna buscando en los contenedores algo que llevarse a la boca.

¿Y dónde dormir? Valga un ejemplo vivido por un servidor: última semana de diciembre. Lugar: calle Real de La Coruña. Circunstancia: siete personas que habitualmente duermen en el fondo de otros tantos comercios. Algunos, sobre “confortables” cartones. Otros, sobre el suelo y con una manta. Alguno, hasta sin manta. Recuerdo que cuando fue alcalde don Francisco Vázquez, se encargaba a un concejal para que vigilase esta circunstancia y encaminase a los durmientes de la calle a un refugio. Ahora, la higiene y el buen descanso recomiendan al gobierno municipal 8 horas de sueño o más. El salón de sesiones es confortable y tiene calefacción. Pero Cristo está más bien con los que no tienen casa.