Lírica blanquiazul
Un cantautor coruñés aporta su grano para hacer granero y conseguir la permanencia del Depor en primera división. Hugo Torreiro grita “¡Pódese!” como lema reiteradamente utilizado por los miles de forofos que en Riazor enronquecen sus gargantas y lanzan voces de aliento al equipo. El entrenador Fernando Vázquez, desde otra parcela no menos responsable, repita machacón: ¡ánimo! .
Es un cancionero temporal que por renovarse se hace eterno. Coplillas, adaptaciones, canciones populares teñidas de blanco y azul. Como la letra de los feroces enfrentamientos con el Racing de Ferrol. Muchachos del Deportivo –decía–, hoy es nuestra tarde y vamos a ganar. Después, afirmaba que la tristeza les invadiría al regresar derrotados en tren especial, pues si “ellos” nos habían enseñado a jugar “nosotros” los enseñábamos a perder. Eran los tiempos del “villa podre”, “villa ladra” y “cascarilleiros”, cuando la señorita Chacho hacía enmudecer el viejo Inferniño con un golazo de agárrate y no te menees. Más tarde vino el primer ascenso. “Este coche es de tercera, pero estamos en primera” –ilustraba la pancarta de la “cafetera”- que trasladó al once al Palacio Municipal. Fueron años heroicos de Riazor con corridos mexicanos. Jalisco nunca pierde… y si pierde no es en casa. Se daba gracias a las huestes del doctor Celso Mariño por haber batido al Celta con coraje y con valor.
Ahí aguarda nuestro Depor para elevarnos al séptimo cielo. Se puede. Pero a cambio de grandes esfuerzos y dosis de fe. El poder, la soberanía, lleva siempre aparejado un sentido metajurídico que está fuera, inalcanzable. Depende del destino: un balón que se estrella en un poste, un penalti escamoteado, la expulsión injusta de un jugador, cuando la tensión agarrota los músculos… El poder y la gloria. Con nombre de novela y cura borrachín metido a mártir.
