Calles y personas
Digno de todo aplauso fue el cumplimiento de un acuerdo municipal del año 2006 que tenía por objeto dar el nombre de una calle a Fernando Suárez, factotum que fue de la Cocina Económica de La Coruña desde 1940 hasta el citado 2006 y presidente de la entidad desde 2006 al 2009, año en el que falleció.
En este sentido, el alcalde de La Coruña ha satisfecho de un modo positivo la deuda de la ciudad con uno de sus más ilustres y desinteresados paladines. Aún queda pendiente, sin embargo, una larga listas de personas que merecen calle o plaza en nuestra capital, encabezadas por el recordado doctor Ángel Ron Fraga.
Hay bastantes más a la espera, en tanto “gozamos” de calles con nombres tan peregrinos como “el africano” o la “trompeta”. Y ya puestos, también habrá que tener en cuenta al pintor-genial, de todo punto, Alfonso Abelenda, felizmente vivo y coleando. Digo esto, porque los honores a gente fallecida son menos honores. También merece una calle el respetado y eficiente doctor Ramón Cobián, presidente del complejo del sanatorio Modelo, coruñés en ejercicio y un ejemplo para la medicina de nuestra ciudad y aún de Galicia, al que deseamos muchos años de vida.
Volviendo al recuerdo de Fernando Suárez, cabe decir que el verdadero propulsor de la iniciativa de otorgarle una calle fue el entonces alcalde Francisco Vázquez, que en su largo periplo edilicio se ocupó muy mucho de premiar la memoria de ilustres coruñeses y siempre protegió y ayudó a nuestra ejemplar Cocina Económica, actualmente regida por otro coruñés de excepción: Alberto Martí Villardefrancos, ilustre periodista gráfico, que durante muchos decenios plasmó para el futuro las cuitas, monumentos y sucesos de nuestra capital. A la sazón, procura enjugar el hambre de los necesitados que acuden a la Cocina y que, por desgracia, cada vez son más, dándose los casos tristísimos de bastantes personas, ayer donantes y hoy, beneficiados. Así está la vida española.
