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ÉL, CABALLERO Y LA TRISTE FIGURA

En un lugar de Arousa, de cuyo nombre yo sí quiero acordarme, no desde ha mucho tiempo (mayo de 2015) que vive un hidalgo de los de lanza en astillero, modelo de aldea antigua, rocín flaco y galgo corredor… Así más o menos comenzaría la versión vilagarciana del Quijote. Permítanme que hoy haya comenzado con este humilde tributo al gran genio de la literatura universal en el cuarto centenario de su fallecimiento. Si Cervantes levantase la cabeza!... Esto no es La Mancha, pero ni falta que hace, porque en unos pocos meses alguno ya “ha manchado” el presente y el futuro de la villa convirtiéndolo en una triste meseta que en lugar de pasearla habrá que cubrirla a caballo, toda vez que cada vez quedan menos atractivos para asentarse y más prohibiciones para poder respirar tranquilos.
A estas alturas, y siendo hoy el día del Libro, no es de extrañar que la gente asocie a Varela con una versión empobrecida y desdibujada de un Quijote que solo ve gigantes en su contra cuando lo único que hay son meros e inofensivos molinos de viento. Quizás eso explique que para impedir que un puñado de pequeños emprendedores de tiendas unipersonales salgan del paro haya convertido a Vilagarcía en un lugar hostil para la creación de empleo. Será que en lugar de tiendas prefiere abrevaderos y posadas.
Pero en los símiles literarios y novelescos no podemos dejar pasar el resto de protagonistas de la obra magna del escritor admirado y admirador de Shakespeare. Varela rehuye sus responsabilidades. No gusta de dar la cara y se apoya en su particular Rocinante para usarlo de ariete a la hora de intentar tapar las vergüenzas de su gobierno. Es lo que tiene ser fiel al jefe. La portavocía del gobierno es uno de esos puestos que supone exponerse mucho y proteger más. Un jugador de equipo. El miembro del equipo que está debajo del jefe cuando el jefe clava las espuelas en el costado sin reconocer quién soporta el peso… 
En esta particular versión municipal de la novela de cabellerías, Dulcinea ha ido cogiendo más y más protagonismo. Sus dominios van mucho más allá del propio Toboso y a juzgar por las áreas que lleva es toda una terrateniente. Lo malo de estas ascensiones tan rápidas es que el que mucho abarca poco aprieta, como ya empieza a quedar claro. No hay problema. El Quijote es una obra tan excelsa como extensa, así que habrá todavía muchos capítulos que leer. (De momento Los Entremeses, otras de las obras de referencia de Cervantes, no han sembrado nada bueno…)
Y sí, queda Sancho Panza… ¿Que quién es Sancho en este cuento de Ravella?. Bueno… Ustedes son lectores experimentados… El fiel escudero empieza la obra siendo la voz de conciencia y la cordura de Don Quijote para acabar perdiendo el juicio… A medida que avanzan las páginas se deja contagiar por lo peor del que porta la armadura y lo que parecía un personaje bonachón, afable y servicial se acaba convirtiendo en todo lo contrario. Poco a poco le arrebata argumentos y hasta protagonismo y probablemente si hubiese una tercera parte, el propio Sancho quedaría con el yelmo y el escudo, y con el caballo y hasta con el cerebro seco de leer tantas novelas fantasiosas… Para muchos Sancho fue el lobby de su jefe, el que le decía lo que tenía que hacer… al final, todo quedó en nada porque no había nada detrás y su legado lo sepultó sobre su manto el rocío de la mañana… Creo que queda claro quién es quién aquí.
Por último, y para acabar con la explicación del título de esta columna de hoy, no puedo dejar pasar la visita del padre creador del Dinoseto a Vilagarcía. Por cierto que el efecto apenas duró unas horas porque lo que intentaron vender como el gran eje arousano-olívico fue desbancado por la foto que se hizo Caballero con Lores, alcalde de Pontevedra, para prometer exactamente lo mismo y para muchas otras cosas. Se ve que para Don Abel la del Lérez sí es una ciudad y la de Arousa la villa que le han contado los suyos… qué triste.
Con el portazo del coche oficial de Caballero se quedó aquí su lacayo, agitando el pañuelo. Se sintió cómodo con el que fue ex ministro porque está poco acostumbrado a los flashes, aunque sean de otros. Triste figura la de un alcalde que no tiene historia ni para componer un microrrelato. De ahí que no haya sido capaz de hacer un mísero balance de su estadía en palacio. Para él hay más gigantes ahí fuera que palabras en el Quijote y se aferra a su Rocinante y a su Sancho… Así nos va…. (CONTINUARÁ…)
                    *Portavoz del grupo municipal 
        del Partido  Popular en Vilagarcía