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Han pasado apenas diez días desde que las urnas confirmaron lo que pedía la calle, hecha carne desde el 15-M, y la derecha más casposa con sus cómplices necesarios, han rebuscado entre las cloacas para, por si eso cuela, empezar a colocar los peldaños de la escalera que les lleve a lo que fue de siempre su finca.
Ya hace años consiguieron que el ejército rebelde, los sublevados a un gobierno democrático, acabaran siendo –del brazo de alemanes e italianos– los nacionales, los buenos.
Y pasearon esa bondad bajo palio mientras dejaban desolado a un país víctima de la represión y caldo de cultivo para el estraperlo moral y material. En medio lo que muchos padecieron. Más tarde un señor que luego fue presidente, escribía en un periódico de Logroño su rechazo a la constitución. Un poco más arriba, tras el telón de grelos, otro que tenía a la calle como suya y al artículo de la Constitución que definía las autonomías con un invento diabólico, acabó presidiendo una…
Años después la justicia afirma que los herederos de aquellos pasaron veinte años, que es algo más que nada, haciendo trampa desde la tesorería (Naseiro, Lapuerta, Bárcenas) y ahora, a la hora de la despedida –no cambian las mañas, ya lo hizo Fraga aquí con las televisiones– Cospedal se despide con una recalificación que beneficia a una diputada de su partido.
Y en medio, el ruido. Los que fueron a Paris a gritar que ellos “eran Charly” y que los chistes podían ofender a Mahoma que cincuenta con millones de seguidores, al volver cambiaron la letra para acosar a unos manifestantes ante la capilla de una universidad pública.
Hasta desde la Conferencia Episcopal les reprendieron y en Roma, el Papa Francisco, otra vez repitió eso de “que tropa, señor. Que tropa”. E Irene Villa, víctima de ETA y protagonista de unos de esos “tuits” execrables pidió mesura ante el asalto de la caverna…
Y volvió el lenguaje de antaño con esas apelaciones a la cruz y a la espada y esperemos, que no se llegue a la dialéctica de los puños y las pistolas después de las coces bajo las pezuñas que quieren convertir la hierba en tierra quemada.
Lo que sucede es que ahora no se trata de una guerra de tronos o  partidos. Es  el pueblo que harto decidió pasar de la calle a las urnas. Y era para salvarnos de años horribilis, jefe.…