La veleta
La veleta giró hacia la izquierda y propició la entrada de aire nuevo en el Concello de Cambados. La socialista Fátima Abal se convirtió ayer en la primera alcaldesa de la historia de este municipio, gracias al apoyo recibido, en el último minuto y no sin sorpresa, por parte de su propio partido, el BNG, Somos Maioría y del edil de Pode, ese que en la última semana cambió hasta en tres ocasiones de parecer. Vestida con una camisa roja, para que no dejar dudas sobre su afinidad política, la protagonista de la jornada se presentó en el salón de plenos con cara de pocos amigos. En su fuero interno pensaba que la izquierda cambadesa había perdido una oportunidad única para desbancar al PP. Tantos años de trabajo para que un concejal, convertido en llave de gobierno, quisiese imponer, a golpe de capricho, quién llevaría los designios del municipio. El día anterior, junto con el BNG, había dado una lección de dignidad. Quería el poder para gestionar según su criterio, sí, pero no a cualquier precio. Sin embargo, ayer, el azar del viento hizo que la veleta, incumpliendo el primer punto de su programa electoral, se decantase por el PSOE, un partido al que denostó en las reuniones cuatripartitas que resultaron infructuosas. Su actitud, tras el pleno de investidura, transmitía indiferencia hacia todo lo que allí ocurría, que no era poco. Era el futuro del pueblo. En medio de los aplausos, los gritos y las caras de asombro, una Fátima Abal desbordada por los acontecimientos no pudo contener la emoción y, uno a uno, se fundió en un abrazo con los portavoces de los grupos que la apoyaron. Sí, con él también. Fue, incluso, efusiva. Transcurrida la resaca queda ahora la reflexión, que debe pasar, forzosamente, por sentar las bases de un gobierno estable. Los cambadeses se lo merecen. Las urnas obligaron a los políticos a dialogar, a pactar y a buscar acuerdos que beneficien al conjunto. Deben ponerse a ello cuanto antes. Estoy seguro de que todos quieren lo mejor para Cambados. De hecho, ya han demostrado responsabilidad con actos anteriores. Ahora bien, deben apretar la veleta porque una simple ráfaga podría abrir la caja de Pandora.
