El apagón
A estas alturas del siglo XXI pocas cosas son tan frustrantes como darle al interruptor de la luz y que la bombilla no se encienda. Damos por hecho disponer de una serie de servicios por los que las eléctricas nos cobran un ojo de la cara y parte de un riñón y, por lo tanto, nos vemos con derecho a exigir un servicio acorde. Esto no quiere decir que estemos acomodados, o mal acostumbrados, sino que entendemos que en una sociedad moderna, que paga sus impuestos religiosamente, tener luz, gas o teléfono, por ejemplo, se considera algo normal. No obstante en momentos puntuales se puede entender que se produzca una caída del suministro eléctrico a causa de un temporal, una avería o cualquier otra razón. Sin embargo, esperamos una rápida respuesta por parte de la empresa concesionaria para que subsane el problema y regrese la normalidad. Es cortesía de los usuarios aguardar un tiempo razonable para que los técnicos actúen y la falta de luz se quede en un simple fastidio momentáneo. Pero esto no fue lo que ocurrió el día de Año Nuevo en Sanxenxo, O Grove y parte de Meaño. Los vecinos, y las empresas, se quedaron sin luz a primera hora de la tarde y sus interruptores no ofrecieron respuesta hasta bien entrada la madrugada en el mejor de los casos y al día siguiente en otros. Este corte tan prolongado y en un día tan señalado no puede considerarse tan solo un contratiempo, sino que ha causado importantes pérdidas en el seno de las familias y especialmente en el sector de la hostelería, que ha recibido un duro varapalo en lo que a la imagen de destino turístico de calidad se refiere. Tan solo se salvaron los hoteles que disponen de un generador propio y aún así a duras penas. Las marchas anticipadas de clientes y la imposibilidad de ofrecer un servicio acorde han convertido el inicio de 2016 en una auténtica pesadilla para muchos propietarios de hoteles, restaurantes, bares o cafeterías. Evidentemente, queda la opción de presentar una reclamación. Seguramente quien lo haga y demuestre las pérdidas será resarcido en lo económico, pero hay otros aspectos que han quedado muy dañados y que no se resuelven con unos cuantos euros. En el fondo de la cuestión está el mantenimiento de las instalaciones, motivo por el que la Consellería de Industria ya ha ordenado que se analice la situación en la que se encuentra la subestación de Vilalonga, lugar donde se produjo la avería, para conocer de primera mano si las labores de mantenimiento de las instalaciones eran las adecuadas. Ahí es donde la Administración tiene que actuar, exigiendo a las empresas concesionarias que cumplan con todos los protocolos de actuación firmados en los contratos. Si todo está en orden, entonces no hay nada que objetar, pero si, por el contrario, hay negligencias será el momento de exigir responsabilidades porque la comarca turística de Galicia no puede permitirse estar más de 20 horas sin luz en unas fechas en las que los hoteles están llenos de huéspedes. El sector de la hostelería vive en buena parte de la imagen que ofrece a sus clientes y episodios como el de Año Nuevo en nada contribuyen a ello. Por tanto, es lógico y obligado exigir explicaciones y reparaciones por este apagón.
