ADIÓS A UN PERIODISTA
El destino ha querido que uno de los hombres que más ha contribuido a dignificar la profesión periodística en Galicia nos dejase, precisamente, en la fecha en la que se conmemora el día de la Libertad de Prensa. Juan Ramón Díaz García era un Periodista. Sí con mayúsculas. Uno de esos que marcan una época. Una fuente de sabiduría de la que han bebido buena parte de los grandes de este bendito oficio. Todos los compañeros de profesión que han trabajado con él se refieren a Juan Ramón como un maestro. Su personalidad arrolladora, acompañada por un criterio innato para oler la noticia casi antes de que se gestase, le han valido el reconocimiento sincero de sus compañeros de oficio. Hoy todos lloran su ausencia y muestran su respeto a una persona que ha sabido mantener la integridad en todo momento. Tanto en las buenas, como en las malas, que también las tenía, como no, sabía utilizar la palabra adecuada para el halago, siempre sutil sin caer nunca en el empalago, y para la puya, esa que siempre acertaba en la diana, que no sonaba a reproche en primera instancia, pero que te obligaba a reflexionar. Siempre he tratado de aprender de mis jefes. Todos dejan en uno alguna impronta. Tuve la suerte de beber de la experiencia de Javier Sánchez de Dios, de la perseverancia, el talento y la intuición de Antón Xil y hasta ahora de la sabiduría de quien conocía mejor que nadie las entrañas del periodismo y las glorias y las miserias de los políticos. La ley de la vida es inexorable. Y quizá esto permita que los grandes siempre encuentren la gloria, que no es otra que ser recordado como un maestro, como alguien que ha marcado una tendencia, una forma de hacer que decenas de discípulos suyos tratan de emular cada día. No es el momento de contar anécdotas, pero seguro que a más de algún político que se pensaba intocable en su tiempo se le habrá atragantado el desayuno con alguno de sus titulares. Ya no les digo nada de sus artículos. Verdaderas obras de arte. Su retranca era única. Quien la haya padecido puede estar orgulloso. No todo el mundo la merecía. Les adelanto que bucearé en la hemeroteca para releer su prosa cargada de ironía y con el vocablo adecuado para cada instante. Seguro que, tan solo recordándolo, continuaré aprendiendo. Hasta siempre, maestro. Esta comarca te debe mucho. Sabe que eres el padre de Diario de Arousa.
