En común
Hoy les voy a hablar de tres problemas nacionales que guardan un cierto paralelismo entre sí. Se trata de ETA, Cataluña y Gibraltar. La gran esperanza de ETA siempre ha sido, en una negociación política, presentarse en una posición de fuerza ante un gobierno socialista español. Los ocho años de Zapatero fueron un claro ejemplo. Esta posibilidad debilitó a los otros gobiernos nacionales de centro derecha, pues los terroristas sabían que obtendrían una mejor solución con los primeros. En el caso de la independencia de Cataluña podemos llegar a una conclusión semejante. Tanto en los tiempos de la II República como durante el nefasto reinado de ZP los independentistas catalanes han obtenido un mayor rédito con estos que con gobiernos conservadores.
Me refiero a la proclamación del “Estat Catalá” de Compayns o más recientemente la aprobación del nuevo “Estatut”, el cual fue parcialmente capado por el TC. Un tercer caso es Gibraltar. El alcalde de dicho pueblo sabe que siempre obtendrá más flexibilidad con un gobierno socialista español que con cualquiera de otro signo. Bajo gobiernos socialistas en España, han conseguido abrir la verja, la ampliación de terrenos al mar y hasta una especie de “reconocimiento internacional” por parte del exministro “Desatinos Moratinos”. En los tres casos, la táctica es la misma; aguantan la presión y dureza de los gobiernos de la derecha en la esperanza de un cambio político a favor de la izquierda que siempre será más ventajoso para sus intereses.
Esta ausencia de “Política de Estado” nos ha hecho, y nos hace, más débiles contra estos enemigos de España. En los tres casos la postura socialista nace de un grave complejo nacional que no han superado y que les aleja –cual apestados– de consensos de integración nacional. En Gran Bretaña sucede lo contrario. Tanto los terroristas del IRA, como los independentistas escoceses, o el Ayuntamiento de Gibraltar saben que la política unitaria británica es la misma, gobiernen conservadores o laboristas, de ahí su fortaleza: la derrota de los irlandeses, los bajos porcentajes de independentismo en Escocia y la chulería con la que nos hablan los llanitos.
