SINVERGÜENZAS, CORRUPTOS...
Hay situaciones y circunstancias cotidianas que nos demuestran, sin lugar a dudas, de que vivimos en una sociedad deshumanizada, sin escrúpulos y carente de ética. Todo vale, el fin justifica los medios, con tal de obtener el beneficio deseado. La honradez y la humildad están en fase de extinción en una sociedad cada vez más injusta, intolerante e insolidaria. No venden las personas educadas, trabajadoras y con valores; los sinvergüenzas, corruptos y especuladores son los personajes a imitar por las nuevas generaciones. No importa como se obtengan los beneficios económicos y los bienes materiales: narcotráfico, furtivismo, estafa, fraude fiscal, economía sumergida…, lo interesante es tener el dinero suficiente para vivir, más o menos bien, el tiempo necesario, haciendo buena la frase “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Utilizamos a familiares, amigos o compañeros de trabajo para nuestro propio bienestar personal, ya no tenemos remordimiento porque consideramos que todo lo que hagamos, mejor o peor, justifica el fin deseado. Que podemos vivir sin pegar palo al agua, gracias a una buena herencia, una lotería, el peloteo al político de turno, especulando o utilizando la usura a costa de los más débiles de la sociedad, todo está justificado y, si somos creyentes, ya nos encargaremos de pedir perdón tras perdón en el confesionario de la capilla. Luego cuando estamos en tertulias de café, de manera hipócrita, somos los primeros en criticar a los responsables públicos. Se nos llena la boca de descalificativos sin percatarnos de que actúan como lo haríamos nosotros, si tuviésemos esos mismos privilegios, siendo un fiel reflejo de la sociedad, nos guste o no.
