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La Constitución reconoce el derecho a litigar de forma gratuita a quienes carecen de recursos económicos. El servicio público de la Justicia gratuita, más conocido como Turno de oficio (TO), tiene aspectos diferentes, fundamentalmente en cuanto a remuneración, en función de la normativa aplicable en cada comunidad autónoma. En cualquier caso y lugar, los honorarios que perciben los letrados de oficio, más de 37.000 profesionales en toda España, están muy por debajo de los precios de mercado. En Galicia, un divorcio contencioso o un procedimiento por delito tipos, sobre 350€, y, según baremos, sobre 2.000€. Por tanto, la remuneración del TO viene a suponer la quinta o sexta parte de lo que cobraría un abogado particular.

Además, para reducir su déficit, Estado y comunidades autónomas han decidido dar tijeretazo al TO. Informaba recientemente el Consejo General de la Abogacía Española que en el conjunto del país la inversión en este tipo de justicia se había reducido en 20 millones de euros en los dos últimos años. Para muestra valga un botón. Los abogados del TO de A Coruña acaban de cobrar por las guardias correspondientes al tercer trimestre del 2.012, 19,34€ (deducido IRPF). Han leído bien, diecinueve euros con treinta y cuatro céntimos de euro. Ahora, sumen los gastos derivados de las asistencias a los detenidos llevadas a cabo durante las 24 horas de guardia en las comisarías de Policía de la ciudad, o en los cuarteles de la Guardia Civil de Arteixo, Culleredo, Oleiros, Arteixo, Carral o Cerceda, y la comparecencia al día siguiente ante el Juzgado para asistirlos en sus declaraciones, y hagan cuentas. ¿No es insultante?

Estas miserias de los poderes públicos suponen un ataque a la dignidad de la abogacía, que realiza aquí una labor impagable a la sociedad, y ponen en peligro uno de los pilares de nuestro sistema de justicia. Recientemente un abogado madrileño reflejaba la situación: “Cuando defiendo a un cliente de oficio al que van a desahuciar pienso que el próximo podría ser yo. Vivimos al borde del abismo, en la precariedad absoluta”.

En definitiva, el TO o “la injusticia de trabajar casi gratis”.