Cada vez, más oscuro
Eso. Cada vez, todo esta más oscuro. Cada vez, se entiende menos lo que debería estar claro, diáfano, en el Parlamento Gallego. Cuarto debate de investidura para Feijóo como presidente de la Xunta y, la verdad: nada con sifón. Como se dijo muy acertadamente, bajar impuestos tras subir impuestos. O sea: jugar el gato con el ratón.
Primero, el bueno de Feijóo eleva el céntimo sanitario. Ahora anuncia hasta 88,5 euros menos de IRPF para el 70% de los contribuyentes, propina un canon para la minería y ofrece rebajas fiscales para el eólico y biomasa. Total, el cuento de la buena pipa. Para Barreiro, senador popular, el discurso fue realista y comprometido. ¿Qué va a decir él, coitado? Para Losada, diputado socialista, el presidente está agotado, consumido, caducado y confundido. Carmen Adán, diputada del Grupo del BNG, Feijóo vive una Galicia irreal, sin problemas. En fin, notable ceremonia de la confusión. Pero el que colocó el rejón de muerte fue Beiras, cuando, refiriéndose al grupo pepero, dijo lo que sigue: “ustedes viven en habitáculos oscuros. No palpan ni sienten la desesperación de los pueblos”. Y en un cierre a blancas situó a Feijóo de espaldas al drama social. Claro que, raudo y veloz, llegó el “apagafuegos” pepero, de nombre Pedro Puy, que dijo: “Este Gobierno actúa con cabeza y con el corazón, con política de sensatez y de concordia”. Eso: ¡viva Cartagena!, sin embargo, son más los que creen que Feijóo confunde la teoría mal fúlgida y atrayente con la realidad del País gallego y por eso se empecina en afirmar que Galicia es más solvente que el resto de España. Y olvida, el buen navegante de lanchas motoras, que el sector productivo gallego está en franca recesión, que nuestro sistema financiero está liquidado, que nuestros servicios públicos van de culo y meten gol, que “gozamos” de las pensiones y los sueldos más bajos de España, que nuestra financiación es claramente dependiente y que estamos los terceros por la cola en el ajedrez de las Comunidades Autonómicas de este país. Mientras Feijóo, de paseo en barca de dudosa reputación y preparando aventuras cubanas.
¡Mambo, qué rico el mambo!
