Paradoja comercial
Comienza un nuevo año en el que la mayoría de ustedes, con toda probabilidad, brindaron por mudar las penurias por esperanzas y por la ejecución, esta vez sí, de todos y cada uno de los nuevos propósitos que se plantean al término de las doce campanadas. Desde luego, les deseo lo mejor en un 2016 en el que o mucho cambian las cosas o los políticos nos citarán a las urnas en más de una ocasión. Tenemos elecciones autonómicas, estas son seguras, puede que estatales y no se sabe aún si catalanas. Es decir, todo un empacho de política que incluso ha impregnado el turrón hasta tal punto que pocos hogares se han librado del comentario político de rigor. La verdad es que el panorama en este campo es más incierto que nunca, por lo que los partidos deben afinar en cada una de sus declaraciones. No es de extrañar, pues, que incluso las decisiones que se adopten a nivel local por parte de los dirigentes podrían tener una repercusión directa en la elección de papeleta el día en el que tengan a bien llamarnos para ejercer el derecho democrático del voto. En Vilagarcía hay una cuestión que centrará buena parte del discurso y no es otra que la construcción o no de una superficie comercial en los terrenos de la antigua fábrica de Megasa. Como todo en la vida hay quien está a favor y quien se opone de forma rotunda, en este caso los comerciantes en primer lugar y los rectores municipales que ya han dicho por activa y por pasiva que están en contra de este tipo de instalaciones porque contradicen su modelo de ciudad. Sobre este asunto hay diferentes consideraciones y la peor sería que unos y otros, es decir, los que están a favor y los que se posicionan en contra se tiren los trastos a la cabeza con la única intención de sacar réditos políticos. Si el proyecto cumple con todos los requisitos legales no hay nada que hacer. Pudo haberse hecho, pero no ocurrió así y, por lo tanto, hay que analizar la situación desde la situación real. En principio, todo apunta a que los consumidores saldrían ganando porque dispondrían de un lugar en el que encontrar todo, o casi todo, lo que buscan a un precio competitivo. Sin embargo, yo opino que la mayoría saldría perdiendo a medio y largo plazo. La novedad del gran centro comercial haría que muchos vecinos de Vilagarcía y del resto de la comarca realizasen la mayoría de sus compras allí. Entretanto, el comercio tradicional se quedaría sin una buena parte de sus clientes habituales y en una situación todavía más complicada que la actual. La consecuencia serían los despidos en los establecimientos que tuvieran empleados y a partir de ahí la imposibilidad de invertir para adaptarse a los nuevos tiempos en un contexto en el que la competencia obliga a renovarse o morir. Y aquí está el quid de la cuestión. Quien tenga posibles podrá renovar local, adquirir nueva mercancía, invertir en publicidad y tratar de fidelizar al cliente con oportunidades, servicios, atención personalizada y profesionalidad. Quien ya esté en una situación agónica, que me temo será la mayoría, tendrá muy complicada la continuidad. Por lo tanto, podría darse la paradoja de que los que abogan por las grandes superficies accedan a ellas por calles tristes, apagadas y sin ambiente plagadas de locales comerciales vacíos. Echarán de menos entonces un entramado comercial local fuerte que apoye a los clubs deportivos en apuros, que se involucre en la cultura local, que aporte valor añadido a la economía de la ciudad y que, de cuando en vez, convierta las calles en una fiesta para todos y no solo para los que se acercan a un lugar determinado. El tiempo dará o quitará razones. Espero que a mí me la quite.
