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En el asunto de los sueldos de los políticos suelo ir en dirección contraria a la mayoría, porque entiendo que un alcalde, o un concejal, que tiene responsabilidades de gobierno, debe percibir unas retribuciones acordes al cargo que ostenta. Por tanto, comparto la idea de que un regidor debe cobrar un buen salario, que le permita llegar sin apreturas a fin de mes. No quiero entrar en el bucle de las cantidades porque este asunto debería estar regulado por ley. Ya sé que Montoro hizo algo al respecto, pero dejó unos márgenes tan amplios que cada cuatro años reavivan el debate. La política es vocacional, dicen algunos. Sí, claro, pero una cosa es debatir y plantear un proyecto y otra bien distinta es desarrollarlo tomando decisiones que afectan a miles de personas. Esa responsabilidad hay que pagarla, aunque sea con dinero público. No defiendo que los políticos tengan sueldos desorbitados, entiéndanme, pero sí que sean acordes a la disponibilidad y al sacrificio personal que supone ser alcalde o concejal durante 24 horas los 365 días del año. Si se estipulase la cantidad exacta que todos los ayuntamientos pueden utilizar para salarios políticos en función de sus habitantes y su presupuesto anual nos evitaríamos muchas críticas. No olvidemos que gestionan millones de euros. Ahora bien, dadas las circunstancias en las que nos encontramos y habida cuenta de los gestos de los alcaldes de diferentes localidades y ciudades, el sentido común dictaría que en Vilagarcía, por poner un ejemplo y ser cabecera de comarca, Alberto Varela anunciase una rebaja, aunque sea mínima, de las retribuciones de los ediles, incluido su salario. Más que nada porque la población, la que pelea cada día por llegar a la mañana siguiente, observase que sus gobernantes también se aprietan el cinturón en la medida de sus posibilidades. No se trata de una subasta a la baja. No tendría sentido. Eso es lo que están haciendo algunos alcaldes surgidos de las mareas y no me parece operativo. No confundamos, pues, el sueldo que cobre un alcalde determinado, al que habría que fijarle un límite de mandato, con las retribuciones que perciben los políticos profesionales que sin ser regidores reciben un salario público desde la juventud hasta la jubilación solo por figurar y levantar una mano de vez en cuando. Eso sí lo repruebo.