PAJARITOS
Los venezolanos se debaten entre los pajaritos que portan el alma del difunto Chávez y la Virgen a la que se encomienda el candidato opositor al régimen. Las elecciones son una cuestión de fe.
Poco acostumbrados a estas manifestaciones públicas de vehemencia y espiritualidad -especialmente en el terreno político-, la campaña nos parece una sucesión de espectáculos de telepredicadores sin escrúpulos, que recurren a cuanto ardid se les ocurre para ganarse la simpatía de los crédulos. Todo vale para arañar votos. La religión, hace siglos que se sabe, es un poderoso estímulo.
La supuesta fiesta de la democracia se convierte en un circo de fanatismo. Los argumentos más válidos son la exaltación del espíritu del líder que regresa del más allá para inspirar su fuerza al elegido a sucederle y la bendición divina que impulsa al aspirante para hacerse al fin con el poder. Poco importan, por lo visto, las ideas, las propuestas, el futuro del país. Los comición son un concurso de popularidad y de virtud mística.
La anécdota de la aparición de Chávez en forma de ave cantarina, relato digno de evaluación psiquiátrica, se explota hasta el extremo. Nicolás Maduro se presenta en el último acto multitudinario con un sombrero de paja coronado por un pájaro de colores. Los fieles lo miran como a una representación celestial. Hipnotizados por la reencarnación de su amado jefe. Anhelantes de una nueva figura a la que venerar. Rezando para que el animalito guíe a Maduro hasta dotarlo del carisma necesario para movilizar a las masas de la forma en que lo hacía su mentor. El fervor hace del recorrido entre la multitud una escandalosa procesión, con vivas y gritos de admiración profunda.
Por momentos, parece que en lugar de banderines y panfletos de propaganda, los candidatos van a ofrecer rosarios y estampitas de santos durante sus mítines. No hay límite en esta carrera. Cualquier frontera puede dejarse atrás. La jornada de reflexión será de oración y recogimiento. No faltará quien jure que ha tenido una revelación. Aquí recibiremos la noticia con escepticismo y sorna. Nuevo material para chascarrillos. Y agradeceremos que, al menos de momento, no tengamos que soportar que intenten comprar nuestros votos con milagros de andar por casa.
