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La esencia del periodismo es contar a la gente lo que hace la gente, siempre bajo unos parámetros de responsabilidad, credibilidad y de noticia contrastada. Esto implica corroborar con varias fuentes lo que se quiere publicar y con la propia persona interesada para que tenga la oportunidad de dar su versión sobre los hechos. Todo esto y más, me consta que más, se ha hecho antes de dar la noticia en la que se desvela que el candidato de Cambados Pode será juzgado por una falta por huir de un control de la Guardia Civil. Como no podía ser de otra manera, ha causado un notable impacto en la capital del albariño, no solo entre las filas del directamente afectado, sino en los demás partidos políticos que ven ahora un resquicio para llamar a los posibles votantes de Cambados Pode, dada la afición a escabullirse de su líder. Pero lo más grave es negar la mayor. En lugar de esconder la cabeza bajo tierra como harían las avestruces y pedir perdón, son tan osados que sacan pecho como si fuesen gallos de pelea. Algunos integrantes de Cambados Pode, quiero pensar que no todos son tan insensatos, se atreven a escribir en las redes sociales, esa nube en la que todo cabe, que todo corresponde a una conspiración contra su partido. Sin embargo, lo primero que tendrían que hacer sería no faltar a la verdad y admitir que su candidato se saltó un control policial, a saber por qué, y que por ello fue detenido diez días después. Vale, quedó en libertad, pero no se fue de rositas, puesto que tendrá que responder en un juicio oral, fijado para el próximo 19 de mayo, por sus actos. Cuando el juez dicte sentencia podremos decir que Juan Ramón Abal Varela fue arrestado, fue juzgado y condenado o no por desobediencia a la autoridad. Entretanto, este presunto debería mantener las formas, disculparse ante la ciudadanía por faltar a la verdad de una forma mezquina y dimitir de forma inmediata. Porque ya me dirán ustedes qué credibilidad puede ofrecer un político que trata de ocultar la realidad a la opinión pública. Podrá argumentar que en su gestión habrá luz y taquígrafos, pero, por lo que aflora, en la vida real impera la penumbra y el oscurantismo. Los mentirosos patológicos falsean la realidad como vía de escape, para obtener atención e incluso admiración, y entran en un círculo vicioso que les acaba dejando solos en el laberinto de sus mentiras. Esta definición podría aplicarse a algunas personas, entre ellas a politiquillos de tres al cuarto interesados en medrar.