La crisis en los niños
La pareja está sin trabajo y solo les entra unos 426 euros mensuales. Tienen dos niñas de 4 y 6 años. La pasada semana comieron pasta, todos los días, ya que no disponían de dinero y la prestación por desempleo no entra, en la libreta del banco, hasta el día diez de cada mes. Desde luego no es la única familia que padece esta situación real de vulnerabilidad y lo peor de todo es que las verdaderas “víctimas inocentes” de la crisis son los niños. No podemos olvidarnos de que los niños ejercen poco control sobre los acontecimientos que experimentan (en este caso la malnutrición), que en su mayor parte viven determinados por la familia, la comunidad o la sociedad en la que viven.
Los niños viven con una clara indefensión los efectos de la crisis y la escasa sensibilidad de muchos de nuestros gobernantes por no tener la suficiente valentía de querer mejorar la situación de los mismos, en todos los órdenes de la vida, al objeto de poder dotarles de mayores oportunidades de futuro.
Un futuro que se ve con cierta desesperanza una vez que estos miles de niños, que padecen carencias básicas, van a formar parte de un grupo humano tan numeroso que conseguirán que perdure la desigualdad social, contribuyendo a la transmisión intergeneracional de la pobreza. La desigualdad, como ha quedado demostrado, llega a matar lentamente además de crear una pésima calidad de vida, escasa formación, evidente falta de oportunidades, exclusión social y enfermedades crónicas. Hay que tener claro que tiene que existir un consenso generalizado, en nuestra sociedad, sobre la imposibilidad de los niños de cambiar su propia situación y, por tanto, sobre la importancia de ofrecerles mayor protección que a los adultos.
