El Partido Popular se “baroniza”
Ya es habitual. No hay reforma anunciada por el Gobierno a nivel incluso de anteproyecto que no tenga desde la oposición una misma e inmediata respuesta: “no la aplicaremos” o “recurriremos al Constitucional”, como si lo que son puras opciones políticas pudieran sustentar y justificar eventuales recursos ante el alto Tribunal.
Lo grave del caso es que la insumisión se ha extendido también entre las filas de las instituciones gobernadas por el Partido Popular. Estas no lo hacen normalmente de forma tan manifiesta, pero a la hora de la verdad sus políticas territoriales y locales concretas están llenas de desobediencias y desmarques varios. Unas veces porque así se lo permite la demencial distribución de competencias en vigor. Y otras, por razones menos confesables.
Siempre se ha dicho que el Partido Socialista no ha tenido ni tiene un proyecto de carácter nacional; que en unos territorios dice una cosa y en otros, otra. Pues bien: lo cierto es que el PP empieza a padecer del mismo mal; que ya no tiene un discurso general; que se ha “baronizado”; que ya no son Génova o Moncloa quienes dirigen la política general, sino que quienes realmente mandan son los “barones” del partido; los líderes regionales, cuyos nombres vienen a coincidir con los presidentes de las respectivas comunidades autónomas.
Vemos así cómo una y otra vez, por presiones de este segundo poderoso nivel de mando, el Gobierno central se ve obligado a descafeinar sus grandes reformas. Por ejemplo: la reforma educativa no va a entrar en vigor cuando se pretendía; en la reforma local cualquier parecido del final con el proyecto primigenio puede ser pura coincidencia, y del copago sanitario no digamos nada. Por no hablar –claro– de la reforma de la financiación autonómica donde la rebelión de los “barones” ha sido más clamorosa. El último gran desmarque ha venido de la mano del presidente de Madrid, Ignacio González, quien en vísperas de la anunciada gran reforma fiscal de alcance nacional bajará a los contribuyentes de aquella comunidad nada más y nada menos que cuatro impuestos. Se trata de la mayor reducción impositiva acometida por una Administración regional, que me imagino no habrá sentado nada bien en el Gobierno central, cuya política hasta ahora ha sido la contraria: subir impuestos y mantenerlos para recaudar más. El presidente madrileño, por su parte, hace al revés: echa mano de los recortes fiscales como círculo virtuoso para reactivar la economía.
Lo cierto es que, entre unas cosas y otras, las Administraciones viene haciendo de su capa un sayo, mientras se extiende la inevitable sensación de confusión, desorden y falta de coordinación. Justo lo contrario de lo que se necesita siempre, pero mucho más en tiempos de crisis.
