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Parece que los antisistema, radicales, progresistas, twitteros, internautas, etc. tienen ganada la guerra de las redes sociales. Incluso sus señorías, a nivel nacional y autonómico, montan bollos de padre y señor mío para testificar con su histrionismo demencial que somos el país donde el ciudadano posee un salvoconducto para hacer lo que quiera e incluso cargarse al mismo Estado. No niego que la gobernanza del PP sea deseable en sus objetivos. Jamás, tampoco, se ha despojado  del dubitativo ropaje del príncipe Hamlet que lo coarta; pese a ello planteemos la premisa contraria. ¿Si no se hubiesen hecho recortes y sacrificios sin cuento, tras la herencia recibida, estaríamos intervenidos?

Son teorías de laboratorio donde ensayan tantos santones de la vida pública, incluidos nuestros egregios magistrados y jueces, que yo siempre traslado a mi experiencia personal. Así recuerdo a mis tías Tona y Naqui. Nos querían entrañablemente, pero mientras la primera nos metía en cintura, enseñaba y sometía a disciplina espartana, la segunda era alegre, inconsciente, reía, con ella jamás dábamos golpe aunque estuviéramos tendidos al sol ardiente en la playa. ¿Con cual queríamos estar? El tiempo ha hecho justicia de lo que debemos a una y otra.

Algo semejante sucede con el populismo que nos invade y la crisis. Sin embargo, esos twitteros desnortados no votan en las urnas a tipos que han perdido montura, jinete y caballo… Nunca máis para ganar en la calle, a golpe de violencia, lo que las elecciones no conceden… Dicen que los hijos de las tinieblas son más listos que los de la luz cegados por su resplandor. La moral no es patrimonio del marxismo. Satanás pudiera ser un ángel que aún no ha sido descubierto. “Sin duda que los demonios/ hasta aquí nos empujaron…/ y nos zarandean y agitan/ con su poder demoníaco” (A. Puschkin).