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El túnel del comercio

“El final del túnel está cerca, el pequeño comercio será el que era hace diez años”, dice el presidente de la Federación de Empresas de Comercio de la Provincia de A Coruña, reelegido hace unos días para un nuevo mandato al frente de esta asociación.
Miguel Agromayor, que conoce en profundidad y vive en cercanía los problemas y dificultades del comercio coruñés y gallego, se muestra optimista –que es de agradecer en medio de tanto decaimiento de ánimos– frente a la larga travesía de la crisis por la que atraviesa este sector, tan importante en la economía y en la vida de las ciudades.
Pero esa crisis parece que no tiene fin. El Instituto Nacional de Estadística publicó hace unos días datos del pequeño comercio correspondientes al mes de febrero y en el conjunto de España las ventas cayeron un 10,6 por ciento con respecto al mismo mes de 2012. En Galicia, la caída fue del 12,9 por ciento, superior a la media, y el empleo cayó asimismo el 3,4 por ciento, lo que corrobora que la crisis sigue cebándose con el pequeño comercio gallego.  
Puede que alguien piense que lo que está matando al comercio minorista son las grandes superficies comerciales que se multiplicaron en las ciudades –A Coruña es un buen ejemplo de ello– con las que los pequeños no pueden competir en precios, horarios, oferta integral de productos y por otros factores. Y lleva algo de de razón.
Pero la irrupción de estas macrotiendas, por sí sola, no explica la crisis tan profunda del pequeño comercio. Como apunta Miguel Agromayor, los males del comercio derivan fundamentalmente de la caída del consumo que, a su vez, es debida a las altas cifras de paro, a la precariedad en el empleo, a los bajos salarios y al miedo e incertidumbre ante el futuro que se instalaron en las entrañas de la sociedad. Si a ello se añade la competencia desleal de los productos llegados del exterior –China y otros países– que se fabrican al margen de toda norma y derecho laboral, tenemos el cuadro clínico de la enfermedad del pequeño comercio.  
Pero “no hay mal que cien años dure” y este mal ciclo, en palabras de Agromayor, “va a ser una criba importante, pero pasará y el que sobreviva saldrá fortalecido”. Ojalá acierte el presidente de los comerciantes y el comercio salga del túnel y vuelva a ser el de siempre: pequeños establecimientos dispersos que generan empleo y ofertan en cercanía productos diversos para  satisfacer las necesidades de la población. Y para dar vida al centro y a los barrios de las ciudades.