SANXENXO HABLÓ
Y, en mi opinión, dejó bien claro que es lo que quiere. Pero deben ser ellos, los elegidos en las urnas, quienes interpreten el mensaje.
Una cosa que sí está clara es la determinación del electorado sanxenxino a no fiar su futuro a las exclusivas manos del PP, tal y como ya decidiera en el 2011. Ocho años de clamoroso abandono por parte de las administraciones gobernadas por los populares, Concello incluído, acabó por agotar la paciencia de buena parte del electorado que le votó mayoritariamente desde el 99 al 2007.
Así las cosas, desde el pasado domingo por la noche hasta la mañana del próximo 13 de junio – día de San Antonio– los cinco grupos políticos municipales salidos de las urnas tienen ante sí una gran responsabilidad: la de decidir la gobernanza de Sanxenxo.
Y ojo, hablo de gobernanza, no de gobernabilidad. La gobernabilidad consiste en facilitar o posibilitar el acceso al gobierno del Concello y, en este caso, la legislación prevé que, si en la votación para elección de Alcalde ningún candidato consigue la mayoría absoluta de los concejales, será proclamado como tal quien haya encabezado la lista más votada.
Por el contrario, decidir la gobernanza es cosa de calado y lo que realmente demanda la ciudadanía, pues conlleva establecer la manera de dirigir el Concello con el objetivo de lograr un desarrollo social, económico e institucional duradero. En este caso solo se vislumbran dos posibles vías: un pacto PP-SAL, o un pacto de este último con los otros tres grupos. Pero uno de ellos ya está metido en sus acostumbrados líos postelectorales y malamente puede contar para un asunto tan serio como es la gobernanza de Sanxenxo.
Es opinión generalizada que el resultado de las elecciones del pasado domingo traerá a la política española nuevas maneras de ejercerla: las del diálogo, el consenso y el pacto. Y a esas nuevas maneras de ejercer la política están llamados en Sanxenxo los cinco grupos. Y solo cabe esperar que, por el bien de todos, lo hagan con acierto.
