¡Vaya cara!
Seguro que ustedes ya se han enterado, pero se lo recuerdo: La asociación Democracia Real Ya (DRY) ha rizado el rizo en su exigencia de regeneración democrática y ni corta ni perezosa ha llevado ante el Tribunal Supremo nada menos que a Rajoy, a cuatro ministros y a 58 diputados por los presuntos delitos de apropiación indebida y malversación de fondos. ¿Motivo? Porque estos diputados cobran una indemnización mensual de 952,8 euros para gastos de alojamiento en Madrid, cuando tienen una vivienda en propiedad en la Villa y Corte. Los abogados del DRY meten en el saco a Rajoy, diputado por Madrid, que reside en el palacio de La Moncloa y no tiene ningún gasto de mantenimiento en su casa, pero sigue cobrando la dieta.
Con bastante menos viven multitud de familias españolas. Y aunque no es por el huevo, sino por el fuero, dice la querella que “no se tiene conocimiento de que el presidente del Gobierno esté restituyendo estas cantidades cobradas en su condición de diputado de Madrid”
Vamos ya con los nombres y oficios de algunos de los querellados: del Gobierno han sido denunciados: Mariano Rajoy y los ministros de Empleo, Fátima Báñez, Interior, Jorge Fernández, Hacienda, Cristóbal Montoro (el que juega gratis a la lotería con los ciudadanos), y Fomento, Ana Pastor. En cuanto al PP, es el partido con más querellados (41). Entre ellos la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos; el secretario general del Grupo Popular, José Antonio Bermúdez de Castro, o los diputados Andrea Fabra o Rafael Hernando.
Por lo que respecta a PSOE y nacionalistas, tenemos en el paquete a 20 del PSOE y hay varios exministros: José Blanco, Ramón Jáuregui, Jesús Caldera o Antonio Camacho. También están la diputada de CiU, Mercé Pigem y la portavoz de CC, Ana Oramas.
Yo espero que la querella criminal esté “sub iudice”, con lo cual hablar de más, aquí y ahora, se nos antoja cuando menos prematuro. No quiero creer que ningún político se manche por unos cientos de euros, pero me viene a la memoria aquella frase del Conde de Romanones: “¡Joder, qué tropa!”
