Imagina, Pilar
Sí, imagina que tu joven y exitoso hijo sale de casa, mira al cielo, ofreciendo, en esa inocencia, la nuca a un encapuchado que lo acecha y no duda en quebrársela de dos disparos, a los que ya en el suelo pone colofón un tercero: el de gracia. Tres tiros de verdad, no de “atrezzo”. Intuye el horror de su sangre derramada, el dolor de su ausencia, lo injusto de su vida arrebatada: ¿Qué consuelo entonces Pilar?
Imagina que el asesino es miembro de una banda terrorista que se autodenomina marxista y defensora de los pueblos oprimidos, que revindica el crimen y lo justifica en el hecho de trabajar tu hijo para una potencia imperialista. ¿Cómo no dolerte en el absurdo Pilar?
Imagina que ese joven pertenece a una familia media, acaso alta, ha estudiado y vive cómodamente en el seno de una sociedad rica: ¿Qué justificación entonces Pilar?
Imagina ahora las falsas condenas de los malvados corifeos buscando a la par articular un discurso que justifique el crimen. ¿Qué esperanza entonces Pilar?
Y por ultimo, imagina que una vez detenido, juzgado y condenado, de pronto, cientos de personas ajenas a su sangre y su criminal voluntad salen a la calle a pedir que lo dejen en libertad, que lo liberen. ¿Cómo entenderlo entonces Pilar?
No lo entenderías, lo sé, como tampoco lo entienden todas esas madres y familias víctimas de ETA, y es por eso que se preguntan al verte clamar por la libertad de los asesinos: ¿Y eso por qué Bardem?
