El botellómetro
Amigos: “Solo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra la extinción” (Isaac Asimos). “La vida es una historia muy bella que siempre termina mal” (Carlos Bousoño). “Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro, ya ves lloro sin querer” ( Rubén Darío).
A día de hoy, y mas de 10 años después, de que aquí en esta pagina se escribió exponiendo diversas soluciones para aminorar de forma más o menos paulatina y sin estridencias, el mal llamado botellón, hubo diversas acciones sociales y a nivel gubernativo que digámoslo educadamente la cagaron. Todos los intentos fueron vanos, es más, fueron multiplicándose, hoy en día es un grave problema social y de salud pública e individual. Efectivamente lo que aquí se exponía y ahí están las hemerotecas, que la prohibición “per se” con multas que por supuesto no pagaban los jóvenes sino sus padres, los trabajos sociales a los cuales no iban a asistir tampoco era una medida adecuada, por falta de educadores, vigilantes y normativa para efectuar tal montaje. Es más, recordé y me acuerdo, que se dijo, que el mal llamado botellón y su final era poner puertas al campo, y o se tomaba en serio y todos los agentes sociales, y no hablo policiales, lo tomaban en serio empezando por las propias unidades familiares, o esto se nos escapaba de las manos en pocos años. Ya van allá mas de 10 años, de aquellos pequeños grupúsculos entre los cuales un servidor hice un estudio de campo participando en alguno como uno más. Como debe ser, si quieres saber como es una guerra, coge el fusil, y métete entre las balas, pues eso hice. En esos tiempos la cosa era muy distinta a la época actual, los participantes eran todos ya mayores de edad, prácticamente no había género femenino, aun recogían las bolsas, papeles y todo lo que sobraba y lo tiraban a los contenedores. La disculpa de hacerlo así al aire libre y en semi-oscuridad era que en los locales de copas les salían muy caras. De esta forma por la mitad bebían más y mejor contenido, hablaron de diversos locales, que ponían alcohol de garrafón, metílico puro, decían ellos, y eran más libres, bebían hasta caer de pompas, sin que nadie, se metiera etc, etc. Me di cuenta de las carencias de los presentes, y el por qué, y lo expuse en estas páginas, a veces pienso que nadie lee, que escribo en el viento, o que hay mucho gil... perdón desahogado. Eso tan solo fue un aviso y las posibles soluciones, y diez años después, es un problemón de tres pares de bemoles y que la Xunta pretende atajar, con unas soluciones, y que algunas de las cuales ya expuse diez años atrás, y otras son banales, e irrealizables. Conociendo el percal de los gobernantes, mucha labia y pocos hechos eso sí, la principal, y que fue la primera, es la prevención educativa en hogares y escuelas, pero con unas directrices comunes e implicación de padres, educadores, agentes sociales, etc. Lo van a hacer ahora 10 años después cuando los menores de edad en una mayoría aplastante, están metidos en la faena hasta el gorro. Me dan ganas de blasfemar, porque todos, sí todos, sois culpables de lo que les suceda en un futuro próximo a vuestros hijos, por si no lo sabéis, el alcohol, es la peor de todas las drogas, con diferencia, primero por efectos nocivos para el cuerpo y la mente y segundo porque es el alma inseparable de las demás, que ya se usan en cualquier botellón, o como le queráis llamar. Esto es de una nula eficacia y así nos va y a los jóvenes los menos culpables de la situación. Seguiremos con esto. Saúde e Terra.
