Taxis con botiquín
Hay asuntos en los que es muy fácil caer en la demagogia en función del interés político de cada cual, pero hay otras cuestiones que son de interés general y ahí no caben los partidismos y sí los acuerdos y el trabajo en común. Puede debatirse acerca de la construcción de un auditorio, una carretera, una instalación deportiva o destinar más o menos dinero a infraestructuras. Esto es el pan de cada día entre los gobernantes, que tienen la difícil tarea de gestionar los siempre escasos recursos públicos para facilitar los servicios que una sociedad moderna requiere. Sin embargo, creo que todos coincidimos en que la sanidad, la educación y los servicios sociales son esenciales para la sociedad. Además, sabemos que en este apartado las inversiones son siempre deficitarias y por mucho dinero que se destine nunca se llegará a cubrir la demanda por completo. Es, precisamente, por esta razón por la que los ajustes, los recortes y la austeridad no pueden aplicarse a estos apartados bajo ningún concepto.
Viene esto a colación de la dramática situación vivida el pasado sábado durante un partido de fútbol de categoría infantil en el campo de O Terrón, en Vilanova. La mala suerte quiso que en un choque entre dos de los niños que disputaban el encuentro, uno de ellos quedase inconsciente y sin respuesta a los estímulos de todos los presentes. Ya se pueden imaginar la angustia de sus padres, de sus compañeros, del resto de jugadores, de los entrenadores, del público... de todos. Mientras este joven deportista se debatía entre la vida y la muerte tendido sobre la hierba y ante la impotencia de todo el mundo, la ambulancia, requerida mil y una veces, no llegaba. En medio de la desesperación más absoluta se acerca un taxi con un médico y una enfermera. Menudo panorama. No se puede decir nada del personal sanitario porque actuó lo mejor que pudo y con los medios que disponía. Dada la gravedad de la situación, optaron por solicitar la presencia de un helicóptero medicalizado que llegó relativamente rápido y trasladó al niño al Hospital de Santiago, donde se recupera del fuerte golpe sufrido.
Por fortuna, todo quedó en un desagradable susto, pero podría haber sucedido una desgracia. No es de recibo que una comarca como la de O Salnés, una de las más pujantes y dinámicas de Galicia, no cuente con una ambulancia medicalizada que diese una respuesta rápida a situaciones como esta. Porque hoy en día no se puede consentir que el personal sanitario tenga que desplazarse en taxi a una urgencia de esta índole únicamente con el material médico que puedan llevar en una maleta de mano. Es evidente que los medios son insuficientes y, como muestra, un botón.
En O Salnés hay, si no me equivoco, cuatro ambulancias de urgencias con sedes en Vilagarcía, Cambados, Sanxenxo y O Grove, que atienden a una población que supera los 110.000 habitantes, lo que supone un vehículo sanitario por cada 27.500 vecinos. También dispone la comarca de una ambulancia medicalizada en el Hospital do Salnés, pero solo se puede utilizar para traslados entre hospitales, por lo que a efectos reales no cuenta como una más. La Organización Mundial de la Salud recomienda una ambulancia por cada 25.000 habitantes y que por cada cien mil haya, al menos, una que sea medicalizada. Es preciso aclarar también que las ambulancias de las diferentes agrupaciones de Protección Civil también pueden ser movilizadas en caso de necesidad.
Este asunto ya se ha debatido en innumerables ocasiones y la disparidad de opiniones está al orden del día. Pero ahora habría que preguntarse qué pensarían los que creen que no es necesaria una ambulancia medicalizada en O Salnés por su elevado coste si la persona que se debate entre la vida y la muerte es alguien cercano a ellos. Desconozco si los que entienden que los medios actuales ofrecen un servicio de calidad serían comprensivos ante la tardanza de una ambulancia para atender a un hijo suyo inconsciente por un golpe en la cabeza, y si cuando vieran llegar a los médicos en un taxi a la carrera, cuarenta minutos después del incidente, tendrían la sangre fría para comprender que no se invierta más en sanidad.
Ya les dije que hay asuntos en los que es fácil caer en la demagogia, pero los políticos deben entender que la sanidad, al igual que la educación y los servicios sociales nunca satisfarán la demanda. Su labor consiste en buscar recursos y tomar decisiones para sufragar el coste, porque sería imperdonable que vuelva a ocurrir un incidente de estas características y tengamos que aguardar a que el médico llegue en taxi.
Otra opción es dotar de un botiquín a los taxis, por si acaso. Disculpen, esto ya es sarcasmo, en su acepción de dicho irónico y pesimista que encierra una queja.
