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Emulando a cierto anuncio televisivo, “permítanme que insista” a la hora de evidenciar lo que llevamos largo tiempo denunciando y que poco a poco queda más y más patente a pie de calle en Vilagarcía: Que Alberto Varela ni sabe ni tiene pinta de que pueda llevar las riendas de este Concello. No quisiera resultar insistente, porque por suerte somos cada vez más lo que opinamos que el PSOE se ha equivocado de plano a la hora de escoger candidato, pero allá ellos. Ahí no me meto. Lo que sí me extraña es que él, que parece tan servicial a lo que le dicen en su entorno más cerrado, cometa errores de niño pequeño. Y me explico. 
Está tan enfadado por empezar a darse cuenta de que ya nadie se fía de él (qué lejos queda y qué ilógico suena ya el hashtag de su campaña #ConfioenAlberto) que ve fantasmas donde no los hay. Y si los hay, como mucho, viven en su espejo. Un alcalde que se empachó de presumir de que iba a ser transparente no ha sido capaz de dar un paso al frente y reconocer, con el final del año, que no había podido hacer nada de lo que pretendía. Que no le está resultando tan fácil como le habían dicho que sería eso de trabajar en Alcaldía. Que los problemas se multiplican y que las decisiones tienen repercusiones. Siempre.
Pero lo más sangrante es la imagen proyectada. Él, que se va acidificando por momentos, patalea y acusa a los demás de que trabajamos para exigirle resultados y a renglón seguido de que no hacemos nada. Más bien será que no le aplaudimos como hacen en su círculo, donde hay más pretendientes a mandar que bastones. En el fondo recuerda tristemente a aquel conductor kamikaze del chiste que iba por la autopista en sentido contrario y se le llevaban los demonios porque todos iban al revés… Tendrá que decidirse, o una crítica o la otra, pero lo de lanzar ambas no lo digieren ni los estómagos de los leones de Ravella.
Y permítanme también que le recomiende al señor que dilapida confianzas a cada paso que da, que en lugar de poner en duda la labor de la oposición (por cierto la más insistente, no solo a mi juicio, de todas las que formamos parte del pleno), sería mejor que aprovechando que gusta de mirarse su ombligo, pase revista a los de los suyos, ya que supongo que desconocerá que a pesar de ser un gobierno en minoría y de no ir precisamente sobrado de concejales, hay ediles que siguen siendo auténticos extraños para los ciudadanos. Producto sin duda de la nula gestión en sus áreas y del cuestionable, aunque lícito, protagonismo que se arroga él un pequeño puñado de nombres propios más.
En otro orden de cosas, no puedo dejar pasar por alto, que todo apunta a que ese matrimonio de conveniencia que lleva tiempo forjado en Ravella entre socialistas y nacionalistas podría empezar a hacer aguas. La primera discusión marital ha venido causada por no hablar claramente en pareja. Que uno de los cónyuges se tenga que enterar al pie de los jardines de Ravella de lo que dos meses antes había votado realmente a pocos metros de distancia para sellar públicamente su amor político confiesa bien a las claras que no hay más cera que la que arde y que una parte ha llevado a la otra a aprobar cosas que son difícilmente explicables. Sí, me refiero a la subida de las tasas en el rural que hicieron posible desde este nuevo bipartito y que si no lo venden como logro, será que no lo es. Supongo que Leticia estará encantada.
Y por último no quiero dejar pasar por alto el adiós a Juan Fajardo. A miles de kilómetros de distancia en algunas parcelas ideológicas, he de reconocer que nuestras vidas políticas en lo municipal han estado siempre ligadas en mayor o menor medida. Nuestros rifirrafes hemos tenido y hasta nos han acusado de hacer pinza, pero lo cierto es que el pleno de la corporación se queda sin un veterano de mil guerras. Muchos años compartiendo esas mesas y esas juntas. Se va un batallador de la política a otros frentes. 
Buenos deseos desde aquí. Eso me convierte en el más veterano de los 21 ediles de Vilagarcía. Me lo tomo con filosofía y ofrezco mi experiencia para seguir trabajando por el bien común. Lástima que desde el gobierno intenten insultar sistemáticamente a este portavoz y al grupo al que representa, que teniendo en cuenta el número de referencias del alcalde en los últimos siete meses, será que sí trabajamos, tanto yo como la concejala liberada y el responsable de comunicación. No estaría de más que se aplicase el cuento y experimentase él esa sensación, en vez de coleccionar patatas calientes encima de la mesa y en el fondo de los cajones, porque como crítico y jurado de los demás tiene todavía menos futuro.
*Portavoz del grupo municipal del Partido Popular en Vilagarcía