DOS AÑOS Y UN DÍA
Hace mucho el clima confirmó aquello de “procedente de Galicia reina en España un fresco general”. El 20-11-11 el tiempo era horroroso. Hoy también.
Rajoy: dos años y un día. Sabemos que tiene sangre (lo dijo Feijóo). Que es español (obvio) y que cada día tiene el pelo más negro. Sabemos otras cosas, vía internet, como su fructífera carrera compaginando chollos millonarios; sus escritos sobre igualdad y solidaridad y otras maldades que a nadie importa. Tampoco importa, por cierto, si es mas grande (la bandera) la de Feijóo o Mas. Nos interesa conocer las cuentas del Sergas, que Feijóo niega al Parlamento, en la época en que navegaba con un emprendedor de fume e lume.
Dos años y un día después, repitamos: ¿Cómo están ustedes?
Las cifras desmontan todas las alegrías que Mariano, el señor de los hilillos, repite a sus fieles. En dos años y un día –una especie de condena que no nos redime por su cumplimiento– cerraron trescientas mil empresas. Durante el reinado de Mariano, entre las empresas que superviven al 20-N-11, el 91% de sus trabajadores penan con un contrato temporal y a tiempo parcial. Cifras que superan de largo lo que sucede en el resto de Europa. En la “etapa Mariano” los parados sumaron medio millón bajo la política marianista.
Además el 53% de los parados son de larga duración y es difícil que vuelvan al mundo laboral. Los jubilados ven congelados los ingresos y que suben sus gastos cotidianos. El 32% de los mayores de 65 años vive bajo el umbral de la pobreza. España es más desigual, más pobre y está más endeudada. Organismos como Cáritas, Cruz Roja y la propia autoridad europea advierten del riesgo que esto supone.
Los ciudadanos califican con un 3,36 al presidente Rajoy que, siguiendo el “método Wert”, no puede pasar curso, recibir beca alguna. De cada cien ciudadanos, ochenta y dos suspenden al Gobierno en pleno. Estos son datos del INE y el resumen de las últimas encuestas.
Sumen el anuncio de nuevas disposiciones que dificultarán las manifestaciones, las protestas ciudadanas, la libertad de expresión ¿Qué no se puede rodear el Congreso? ¡Tomémosle a golpe de votos! Y dentro cambiemos las leyes que privilegian a la realeza, los políticos, los defraudadores, etc. Para que, de verdad, todos seamos iguales ante la ley.
Acabando con la condena.
