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Mandaba un rey que tenía un pazo aquí mismo y una residencia más allá, coche, chófer y guardias de la porra…

Era un rey que tenía una tele –dos canales– y listas negras; varios negros para escribirle historias y miles de súbditos que estaban negros por lo que se les vino encima.

Ese rey tenía un rebaño de aduladores, un colaborador que le salió “buen peixe” –¿era de pelo crespo?–; un delfín acostumbrado al mar (hay fotos oiga) y un “afillado” al que mandó casarse e ir a Madrid.

Los niños le vieron entre humo y nieve y, a los que llevaban coches caros, yates y castillos con piscinas los veían entrando en el trullo.

En ese reino los mayores iban unos a por fume o por fariña y otros a por votos o ponerse las botas.

El reino se hizo famoso y los juglares cantaban sus aventuras y desventuras por el mundo adelante.

O sea, lo que hoy hacen periódicos o revistas diciendo eso de que “es la Sicilia made in Spain” o destacaban que “se trata del reino de la mafia”.

En aquel tiempo de capa y espada se recompensaba los fieles con medallas y títulos. Así conocidos alcaldes que vivían cerca de las planeadoras, “ligeros” de principios, que estaban muy cerca del rey, gozaban del favor de éste a y éste gozaba de generosas aportaciones para mantener a sus mesnadas.

Pasan los años, pero de aquellos tiempos quedan recuerdos, el magnífico libro de O’Rivas y la película. Quedan fotos y el mausoleo.

Ahora, en el reino del país de las lluvias, otras son las preocupaciones. Por ejemplo, la noticia de que “el Sergas gasta al año más de medio millón de euros en pagar curas” fue recibida con alborozo al creer el personal que no se regateaba en “tiritas” hasta que se supo que el dinero público se emplea para ganar el cielo y no la sala de operaciones.

Y así pasa la vida en el gran reino del país de la lluvia. El próximo día hablaremos de otro reino donde todo queda registrado: “desde la democracia desahuciada junto al desahucio de la vivienda, el trabajo, la salud, de la educación y el desahucio de la libertad de expresión y manifestación”, como nos recordaba el gran maestro Rivas.

Hablaremos del Gobierno, sí señor