
Las misiones internacionales de control económico se han hecho célebres en los últimos meses por causa de la crisis, de ahí que todos teman la llegada de los llamados “hombres de negro” para fiscalizar las cuentas del país. Nada de eso pasó ayer en A Illa, aunque era difícil encontrar este lunes un municipio en toda España donde sus habitantes fueran mejor ataviados.
Los trajes y vestidos, las mejores galas, volvieron a salir ayer a las calles de A Illa de Arousa en la singular forma en que la localidad celebra su patrón, San Julián.
La tradición marca que las fiestas navideñas de la comarca se extingan en este municipio en último lugar cada año, con este epílogo del 7 de enero que es sinónimo de buenas telas, mejor humor y fiesta hasta que el cuerpo aguante.
El gran pistoletazo de salida fue la misa de mediodía, que movilizó a gran parte de los vecinos del ayuntamiento tanto en la liturgia como en la posterior procesión, una comitiva siempre multitudinaria.
Concluidos los actos religiosos se sucedieron los paganos, con la progresiva salida de grupos de amigos y peñas, ellos vestidos de traje, ellas compitiendo con estos en elegancia con sus vestidos, renovando y poniendo al día la instantánea de una festividad que hasta hace unos años se reservaba únicamente en las calles para los varones.
El de ayer fue día de más comidas familiares, grandes banquetes que también tienen lugar en locales hosteleros, donde la tarde va concentrando el discurrir de las horas en animada algarabía animada por el gotear de copas, tapas y cánticos.
Poco a poco, el día dejó paso a una de las noches más intensas en el municipio, que se convierte en uno de los polos de atracción de la movida de la comarca. Esta es, a su vez, preludio de la última de las jornadas señaladas en el calendario, la del día después, la de hoy, conocida a todos los efectos como “o día do can”, efectivamente, por su acertada descripción de los únicos seres animados que pisarán las calles este martes durante horas, mientras la mayoría de residentes descansa de los merecidos excesos de un gran patrón.






















