
Vicente “Tuco” Renda, (Vilagarcía, 5-9-1948) deja el San Martín CF tras 35 años como directivo activo en la historia del club. Empezó con solo 25 años mediada la década de los 70. Fue presidente en tres ocasiones y formó parte de más de media docena de directivas. Fue el impulsor del primer equipo de juveniles de la entidad. En estas cuatro décadas se tomó algunos años de respiro, pero siempre volvió al pie del cañón. Puro vicio. Dejando una particular estampa reconocible para cualquier aficionado o jugador. Detrás de la barandilla en cada partido y entrenamiento, luciendo sombrero y portando una cartera debajo del brazo.
- ¿Por qué lo deja?
- Por cansancio. Son pequeñas cosas y demasiado tiempo. Estoy cansado de lidiar con los padres. Lo único que me interesaba era la base pero de la forma en la que estamos trabajando no vamos a progresar, yo tengo otra idea. No veo interés en la directiva por la base. Fue una decisión madurada y muy meditada.
- Eche la vista atrás, ¿cómo empezó su idilio con el San Martín?
- Entré en el año 1973, mi padre estaba metido y me animó. El club arrancó en los años 50, luego volvió a salir en el 69. Empecé a colaborar y luego pasé a ser secretario y vicepresidente. Fui presidente cuando ganamos la liga de las Rías Baixas en 1976 y ascendimos a Serie A. Luego llegarían los años de Tercera.
- El San Martín estuvo seis temporadas seguidas en Tercera ¿cómo fue aquello?
- Fueron circunstancias del destino. Hubo una reestructuración de ligas. Éramos el presupuesto más bajo. Teníamos 6 millones de pesetas, el siguiente equipo tenía el doble y luego estaban todos entre 15 y 30 millones. Pero traíamos buenos jugadores, ofreciendo poco y cumpliendo.
¿Cómo lo hacían?
- Pues viendo mucho fútbol. Recorríamos todos los campos. Desde Redondela hasta Santiago y el Val do Dubra. Recuerdo a Caneda, que por aquel entonces era presidente del Amio antes de ir al Compostela, que cada vez que nos veía decía: “A que carallo vides aquí?”. Íbamos a ficharle jugadores (risas). Pagábamos muy poco, solo primas prácticamente, pero donde estaban no cobraban nada. Les vendíamos lo de jugar en campos de hierba y los tratábamos muy bien. No tenían que traer nada. Les dábamos ropa, botas, toallas, incluso el jabón. Siempre hacíamos comidas de concentración en O Lagar y fuera de casa. Si jugábamos en Ourense, a la vuelta era obligada una parada para merendar.
- ¿Cómo juntaban el dinero?
- Pues con socios, con taquillas, que eran mucho más que ahora, con rifas... Sorteábamos un coche con la lotería nacional. De los cien mil números vendíamos unos dos mil, con lo que juntábamos las 700.000 pesetas del valor del coche. Si no tocaba, el dinero era para el club. Cuando lo cogimos como Gestora el último año de Tercera sabíamos que íbamos a descender por la deuda que se arrastraba. Nuestro objetivo era pagar y cumplir siempre.
En la gente había más unidad. Ahora vas por los campos y no hay nadie. Es una pena, el fútbol modesto no sé como se sostiene. Poca gente se da cuenta del trabajo que hacen esos cuatro directivos que mantienen cada club.
- ¿Ya no se lleva en la sangre lo de ser directivo?
- Yo creo que ahora la gente tiene menos ganas de sacrificarse por los demás. En el San Martín, como supongo que en otros clubes, tienes que convencer a alguien para que sea presidente. Los socios piensan: “Se vou á asamblea xa me botan o guante enriba para ser directivo”. En los años de Tercera y Preferente nosotros éramos un grupo de amigos, tomábamos unos vinos y disfrutábamos del fútbol.
- Desde que el San Martín descendió de Preferente en el 1992 ha alternado Primera y Segunda. Seis ascensos y otros tantos descensos. ¿No volverán los tiempos de antaño?
- No, es imposible. El tiempo de los gorriones preñados se acabó. Ahora somos un equipo ascensor. Bueno para Segunda pero no tanto para Primera. Ya no puedes traer jugadores de Redondela o Santiago, ¿qué les ofreces?
- En todos estos años, de los jugadores que pasaron por el San Martín, ¿con cuál se queda?
- Fermín Miñán, por supuesto. Fue el mejor. Luego recuerdo a Pouquiño, que era un central de Pontevedra, pero siempre salía de fiesta el día anterior. Después estaban Ferrín, Cholo o Santi, que junto al portero García fue a probar por el Madrid. Hubo una época que era obligatorio jugar con dos sub 20, nosotros poníamos a cuatro o cinco. En el San Martín siempre hubo chavales que jugaban bien, pero lo de sacrificarse ya era otra historia.
- ¿No va a echar de menos todo esto?
- Es una decisión que fui madurando poco a poco. Debía irme a mediados de temporada para que los otros directivos vayan asumiendo competencias. En mi opinión hay que apostar por la base, tener mejores entrenadores y pagarles más, a cambio de subir las cuotas. Hace años firmé un convenio con el Celta y hay dos chavales allí. Pero para eso a la cantera hay que dedicarle tiempo y marcar unas pautas






















