
Enfadados, cabreados, dolidos, desmoralizados... se podría seguir poniendo calificativos similares al estado de ánimo con el que regresó la expedición del Villalonga de Carballo. Y es que no es para menos. Difícil de creer para aquel que no lo haya visto. El equipo celeste controló muy bien el partido, y más cuando se puso por delante en el marcador al borde del descanso. Y cuando parecía que los tres puntos se vendrían para O Salnés, incomprensiblemente se esfumaron en un abrir y cerrar y ojos, eso sí, con la inestimable ayuda del colegiado.
Para empezar demasiada prolongación. No hubo motivos para llegar hasta el 95 y fue ya rozando ese minuto cuando empató el Bergantiños. Y lo hizo en una jugada que motivó las airadas protestas de los visitantes porque Josiño se llevó el balón con la mano y acabó batiendo a Roberto Pazos. Se había escapado la victoria, pero el guión aún no estaba cerrado. Saque de centro, balón atrás, despeje de Leo, el esférico da en un jugador local, llega al área, sale Pazos, se encuentra con Alberto, este cae al suelo y el árbitro entiende que el portero del Villalonga empujó al atacante local por lo que decreta penalti, además de expulsarlo con roja directa. El penalti lo marca Josiño y se acaba el partido con los jugadores visitantes echándose las manos a la cabeza porque no se creían lo que acababa de pasar.
en descenso
Y como a perro flaco todo son pulgas, la increible derrota del Villalonga vino acompañada de una victoria del Negreira, por lo que el equipo de Jacobo Molina pasa a ocupar ahora la cuarta posición por la cola, en zona de descenso, aunque su situación puede cambiar si es capaz de dar la campanada el miércoles en el estadio de Pasarón.






















