
“O sector do viño tamén está en crise”. Esta es una de las frases más repetidas en los últimos tiempos entre los viticultores, y más aún desde que el Sindicato Labrego Galego (SLG) denunciara que cientos de ellos aún no han cobrado la vendimia de 2011 y que algunos recibieron pagarés sin fondos, teniendo que asumir los intereses y devolver, en casos, el dinero cobrado por anticipado por su fruto. En definitiva, “o colmo dos colmos”, exclamaba ayer su responsable en O Salnés, Belén Torres. De hecho, los productores y sus representantes creen que existe la creencia generalizada de que va capeando el temporal económico fácilmente, “cando a situación é moi grave”, apuntaba un agricultor de Ribadumia. Quizás los ganaderos y los productores de leche han acaparado la atención de la ciudadanía con sus protestas pero “o agro tamén é o viño, e a horta do Salnés –na ruína–, ou o forestal, que nadie mira por el. Tamén estamos en crise”, exponía ayer otro viticultor de Cambados, visiblemente molesto.
Así, los productores asumen que las dificultades económicas alcanzan al sector industrial, que tampoco encuentra financiación en los bancos y sufre impagos de sus clientes. No obstante, algunos de los consultados ayer en la comarca mostraban su preocupación por aquellas empresas que “aproveitan para subirse ao carro” y no pagar, pues no comprenden que dispongan de liquidez para cumplir con sus proveedores y con ellos no.
El SLG también parte de esta premisa y, de hecho, ha solicitado una entrevista con responsables de la Consellería do Medio Rural para “buscar medidas, xa sexa a través da convocatoria da Mesa do Viño, das comisións de seguimento dos contratos homologados...”, explicaba Torres. Unións Agrarias también se ha dirigido a la Xunta en este sentido.
Las organizaciones sindicales también aseguran que, por el momento, los productores afectados irán por la vía del diálogo, buscando que las empresas establezcan un plan de pagos; y, de hecho, alguna está haciendo propuestas en este sentido, según Torres.
retrasos, siempre
Con todo, los retrasos en el pago de las uvas no son algo nuevo en la DO Rías Baixas, como reconocían algunos agricultores. Sin embargo, la reducción o pérdida de ingresos por otras vías, ha llevado a muchos a clamar ahora con más fuerza por lo que les pertenece. Sobre todo, porque el 2013 no pinta mejor.
Por el momento no hay contrato homologado pues aquella tabla de precios mínimos, negociada en septiembre entre sindicatos y “grandes” de la industria, no logró el apoyo fundamental de una mayoría de pequeñas y medianas bodegas; y previsiblemente, la situación económica tampoco irá a mejor. “Pero ao final, as adegas teñen 11 meses para planificar a súa estratexia e nós 15 días para decirlles si ou si ao precio que ofrecen. Estamos dominados por elas”, apuntaba otro viticultor. Aún así, los productores entienden que si no nacen iniciativas que salven la industria que venda el vino, no hay futuro para nadie. Por este motivo, algunas voces consideran que el Consello Regulador también debería tomar cartas en el asunto pues, aunque su papel sea controlar el origen y calidad, su Pleno reúne a los vocales elegidos por todo el sector.






















