
Los más ansiosos estaban asentados en la Praza de Galicia desde incluso una hora antes de iniciarse los actos promovidos por el Concello en torno al encendido del alumbrado. Muchos de ellos incluso ataviados con gorros de Papá Noel y embargados con antelación por un espíritu que empapará todas las calles vilagarcianas hasta enero. La música y las coreografías de los chicos de Nydia, con claros tintes navideños, arrancaron oficialmente a las siete y media de la tarde cuando en la Praza apenas cabía un alfiler. Y es que el encendido se está convirtiendo en un acto marcado en rojo en la agenda navideña de los vilagarcianos como ya lo es desde hace mucho la toma anticipada de las uvas el día 31 en la Praza de Ravella. Música, canciones, grupos de niños que entonaban villancicos y un Papá Noel muy particular calentaron un ambiente en el que solo faltaba la nieve. El encendido fue muy puntual y, con el temor del fiasco del año pasado pululando por las cabezas de todos los presentes, el gran cono y la iluminación del resto de las calles tomaron color a las ocho en punto y con total normalidad.
Fue la tradicional cuenta atrás del “tres, dos, uno” el que provocó la colaboración de todos los presentes que irrumpieron en aplausos nada más encenderse el árbol iluminado con pequeñas luces blancas.
Vilagarcía se convirtió así en uno de los últimos ayuntamientos de la comarca en iluminar su Navidad ante la mirada ilusionante de los pequeños, y también de aquellos que hace años que abandonaron la niñez. n




















